CORNADA DE LOBO
Otro lunes sordo
Ay, quién gobierna mi barca, quién, caladeriva me lleva, quién...
Otro lunes catalán anhelando su noche toledana, lunes aflojado esta vez por la mani de ayer y por ser vísperas que velan en capilla un glorioso martes independentón, día de Marte, el de la guerra (y de artes marciales, cargas, botellazos o pedradas).
Otro lunes de regatas: un timonel va borracho de gloria histórica, el otro va ciego de leyes... y reman otros.
Está la mar arbolada y la boca del puerto es ranura entre dos acantilados con escolleras del granito nacional que se hizo escombro, aquellos «muros de la patria mía». La abuela se marea recordando lo malo de las galernas civiles. Papá se aterra palpando su cartera con el logo Sabadell y se pide camarote. Mamá lloriquea mientras cose las joyas en el dobladillo de la falda por si hay que salir de najas y con lo puesto. El guaje mayor dice que tiene ganas de hostias y que se queda al reparto. Y la nena también, que ella lleva tiempo quedando con un amigo de su hermano en las ardientes noches de dreas, trapos, carteles y saco de dormir. Es la guerra, ¡vengan palos para las pancartas!... y para medir costillas...
Y en esto, se alzó un eco de Quevedo poniendo su soneto en línea:
«Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados, de la carrera de la edad cansados por quien caduca ya su valentía... Salime al campo: vi que el sol bebía los arroyos del hielo desatados, y del monte quejosos los ganados que con sombras hurtó su luz al día... Entré en mi casa: vi que amancillada de anciana habitación era despojos, mi báculo más corvo y menos fuerte.... Vencida de la edad sentí mi espada y no hallé cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte».
Lo que ahora sucede en España ya no lo arreglan ni los poetas, pero la poesía todavía nos consuela en la ceguera y nos hace creer la hermosa mentira de que no estamos solos, esa mentira... no hay mayor soledad que cuando una tribu se hace tumultuoso pelotón gritando «¡mejor solos!» o «¡somos más!»..
Otro lunes sordo. Y el que no escucha ¿cómo sabrá de qué lado viene el tren que ha de atropellarle?...