Del futuro al presente
M irar al futuro es de sabios. Nos acercamos al final del Año litúrgico y las lecturas que se proclaman este domingo nos ayudan a poner los ojos y el corazón en el final de la historia y en la vuelta gloriosa del Resucitado.
La lectura del Libro de la Sabiduría nos recuerda una obviedad: encuentran la sabiduría los que la buscan. Pero esa búsqueda, ¿no será fatiga inútil? ¿no chocaremos con la muerte, sea cual sea nuestra actitud? S. Pablo responde, en su I Carta a los cristianos de Tesalónica, que si consideramos desde Jesús Resucitado la suerte de los difuntos no podemos abandonarnos a la tristeza «como los que viven sin esperanza». La muerte, o el fin del mundo, no va a tener la última palabra, sino la vida en Jesucristo, vencedor de la muerte: ese es el plan de salvación de Dios.
Por eso conviene estar despiertos y preparados. La parábola de las diez vírgenes, que se recoge artísticamente en la arquivolta exterior de la puerta de S. Francisco, en la fachada occidental de nuestra catedral de León, entraña este mensaje. Las cinco prudentes mantienen sus lámparas hacia arriba, encendidas; las cinco necias tienen sus lámparas apagadas, vueltas hacia abajo. Imagen bellísima de sabiduría o necedad, de preparación o falta de previsión. Habría que dejarse cada uno interpelar por esta imagen para descubrir cuál es nuestra actitud, si nuestro vivir es prudente o es necio.
Mirar para otro lado no soluciona el problema. Llega el esposo y las doncellas han de acompañar, con sus lámparas encendidas, a la novia que, en comitiva festiva, se dirige a su nuevo domicilio. La parábola nos incorpora a la historia que narra. La sabiduría no consiste en vivir descuidado, sino en vivir el tiempo presente como acopio de aceite, porque el Señor de la Historia, como anuncia el evangelio de S. Mateo, viene: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!».
No corren tiempos favorables para la sabiduría. La indiferencia y la distracción impiden su acogida y nos sumen en una necedad complaciente y nada previsora. Lo que evidentemente tendrá sus tristes consecuencias.
Este domingo también celebramos el Día de la Iglesia diocesana, con un lema que habla del sentido de unidad sin exclusiones y donde cada uno es protagonista junto a los demás: «Somos una gran familia CONTIGO». Un día para preguntarnos cómo anda nuestra conciencia de pertenencia a la Iglesia que camina en Astorga o en León.