¿Por qué no la ciencia?
Bravo reconoce que en su libro no hay recetas mágicas, sino sólo preguntas que animen a un cambio que, sin embargo, no interesa a los gobiernos, ni al nacional ni a los autonómicos. «Ningún político se plantearía virar a un modelo basado en la ciencia que dé resultados a 20 o 30 años vista. El turismo da mucha visibilidad y genera empleo de una manera extensiva, y eso vende a corto plazo». Y ese no es el único problema, continúa el escritor: «Pensamos que todo el gasto del turista repercute en la ciudad en la que está, y no es así: los touroperadores o las agencias o los cruceros se quedan hasta el 40 o el 50% del dinero que pagan los visitantes, de manera que esas cantidades nunca benefician a los destinos.