CORNADA DE LOBO
Lumbre muerta
Comer es la única cosa que se hace tres veces al día (y no todos). El sexo no da para tanto y quien farde de tres mantecaos al día miente. Dicho en ley: siempre fue más importante la olla que la polla; y la gastronomía, más gratificante que el meneo rutinario. Conclusión: Freud tendría sus razones haciendo residir la personalidad humana en la entrepierna, pero la comida sintetiza la supervivencia y la cultura. Y es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos torpes, pringadas o de pijos.
La cocina es historia y es pueblo.
Esta tierra, como todas, tuvo su propia cocina popular, venía de siglos sustentada en lo mayor por lo que aquí se criaba, cultivaba, cazaba o pescaba transmitiéndose con un amplísimo recetario y todas sus particularidades locales, un patrimonio cultural de ingente valor arqueológico (averiguando lo que se come se sabe cómo se vive), patrimonio que en su mayor parte ya se fue a la mierda entre el silencio de listos o el menosprecio de tontos, patrimonio ya irrecuperable, ahí está en la tumba de cada abuela que murió como una biblioteca incendiada.
Eran las últimas sabedoras de una cocina tradicional que comenzó a declinar cuando llegó la tele y el pollo. Sin embargo, aún quedan unos últimos y agónicos jirones de aquellos saberes en una muda silla de ruedas de cualquier residencia de ancianos. Si nadie les pregunta, más bibliotecas al tacho. Y ya no hay tiempo.
Lo único realmente vivo que aún late en la cultura tradicional es la gastronomía; lo demás -indumentarias, músicas, artesanías o costumbres- está muerto, fósil, y lo que vemos de ello se queda en folklore, entrañable disfraz, así que no se explica por qué no se quiere rescatar y catalogar el saber de la cocina popular. Recuerdo haberle insistido y aburrido a Concha Casado sobre este déficit que se resolvería con una roñosa parte de lo destinado a refajos o panderos, pero no le tiraba ni la cocina ni el cocinar... ni tampoco interesa este asunto lo más mínimo a juntas o diputaciones que vocean su tutoría sobre el patrimonio cultural. Hablemos, pues, de lumbre muerta.