Diario de León

MUJERES AVENTURERAS

La mujer que conquistó el Naranjo cien veces

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ana gaitero | león
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Treinta y tres años después de aquel ‘paseo’, la escaladora e investigadora leonesa cumplió el sueño de conquistar cien veces el Picu Urriellu. El majestuoso Naranjo de Bulnes, que se yergue a 2.519 metros sobre el nivel del mar. El pasado verano-otoño, Ana Isabel Martínez de Paz trepó hasta once veces por la cara sur del Naranjo de Bulnes para redondear su marca. Y el 12 de octubre cerró el círculo con un 1 y dos ceros. Es la mujer que más veces ha pisado la cima del Naranjo. Ha subido en todas las épocas del año y por todas las caras, menos por una.

Así que aún tiene un reto que cumplir: escalar la cara oeste de esta montaña a la que es imposible hacer cima a pie. Hay que colgarse sí o sí. «La cara oeste es muy difícil. Intentaré subirla al final de verano, pero para eso tengo que estar muy entrenada», comenta la escaladora. La dificultad de esta pared estriba en que las vías «son muy largas, de 500 metros de desnivel en una pared muy vertical y con muchos tramos extraplomados (algo parecido a un techo)», añade.

Ana Isabel Martínez de Paz cuenta hoy su hazaña en la presentación del calendario Tiempo de Mujeres, Mujeres en el Tiempo de la Organización de Mujeres Stes (19.30 horas Nuevo Recreo Industrial).

No había cumplido 20 años cuando César, que entonces era su novio, la enredó en la aventura. Casi sin darse cuenta estaba encordada para iniciar la ascensión a la que fue cima inexpugnable de Picos de Europa hasta 1904. Aquel año, el intrépido Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós, Marqués de Villaviciosa, acompañado por el pastor Gregorio Pérez Demaría ‘El Cainejo’, natural del pueblo de Caín (León) iniciaron la era de la escalada al conquistar por primera vez el Urriellu por la cara norte.

Ana Isabel Martínez tiene un reto que cumplir: escalar la cara oeste del Naranjo, la única por la que aún no lo ha logrado. CÉSAR DE PRADO MALAGÓN.

Fue un amor a primera vista que aún dura. «Ha sido una escuela de vida. La montaña en general te moldea la personalidad, te hace ver la vida de otra manera. Te da más perspectivas, mucha paciencia y relaciones muy intensas», apunta. «Verte en el plano vertical da miedo, pero superarlo me dio energía y me enganchó», añade. Recuerda bien aquel día, su primera vez. «Fue el 25 de septiembre de 1985. El paisaje era espectacular. Era un día claro y cuando llegamos se ponía el sol, que iluminaba la roca caliza. Todas las montañas estaban rojas», recuerda. Embelesada con la estampa, no se quería ir. Hasta que su guía le dijo: «Tenemos que bajar. Después de la puesta de sol ya sabes lo que viene».

Aquel día conquistó el Urriellu y la montaña atrapó su corazón. «Me removió por dentro. Descubrí miedos y debilidades, fue también un encuentro conmigo misma», explica. Sin pies de gato pero acompañada de una persona con gran experiencia en el terreno, la mujer que más veces ha coronado el Naranjo de Bulnes inició una aventura que aún continúa. Desde entonces todos los años ha subido alguna vez. Cuando llegó a las ochenta cumbres se planteó el centenar. «Es una roca noble, muy buena; es espectacular y muy aérea», explica. No hay mucha gente, ni siquiera hombres que hayan cubierto este número de escaladas.

Ana Isabel Martínez de Paz se conoce al dedillo Picos y todas las montañas emblemáticas de la Cordillera Cantábrica, y también ha escalado en Pirineos, Gredos y montañas de toda la Península Ibérica, así como Francia, Alpes suizos e italianos, las fascinantes Dolomitas de Italia y picos en África, América y Asia. Sólo le falta Oceanía y espera que algún día pueda ser.

«Lo importante es tener la ilusión y la salud», apunta. Ana Isabel Martínez de Paz fundó una escuela de escalada en San Andrés en la que llegaron a estar matriculadas 70 personas. Pero se paró. Ahora hay una escuela que practica en el Salvio Barrioluengo y unas cuantas empresas que disponen de guías.

Pero aún se podría desarrollar más la relación de los leoneses y leonesas, desde la infancia, con su inmensa riqueza montañosa. Es lo que piensa esta mujer que León podría sacarle más partido a su riqueza montañosa y ayudar a formar a las nuevas generaciones. No hace falta que todo el mundo escale el Urriellu. «Hay una montaña para cada persona», sostiene.

«La montaña te enseña que no todo es controlable y controlar ese miedo a esa falta de control se traduce en la vida». Requiere disciplina, atención plena y concentración. También un mantenimiento y superar obstáculo a obstáculo.

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