La esencia del haiku

DF27P6F4-13-42-49-4.jpg
josé enrique martínez
La difusión del haiku en el mundo hispano debe mucho, si no todo, a la editorial Hiperión de poesía, con traducciones de los grandes maestros nipones y tratados teóricos y críticos sobre el género. El propio Jesús Munárriz, creador y director de Hiperión, es autor de dos excelentes libros de haikus, Capitalinos (2018) y Escaramujos (2019). Acoge ahora en sus ediciones un precioso tratado sobre el haiku de la japonesa Seiko Ota que, además de escribir haikus, ha realizado traducciones al español y estudiado su presencia en las letras hispánicas en su libro José Juan Tablada: su haiku y su japonesismo (2014).
El nuevo ensayo lleva por título Seis claves para leer y escribir haikus. Su intención es enseñar «la esencia de este poema» y «mejorar su aclimatación a la lengua española». Fue el mexicano Tablada el introductor del haiku en nuestras letras con su poemario Un día... (1919).
Juan Ramón, Machado y Lorca escribieron algún poemilla de ese tipo, pero no necesariamente sobre la pauta métrica de 17 silabas divididas en versos de cinco, siete y cinco sílabas. Les interesó sobre todo la brevedad y la síntesis. Hoy el haiku ha cobrado tal auge en España (traducciones, creaciones originales, difusión por internet...) que incluso la prestigiosa revista Ínsula le dedicó un monográfico en junio de 2019.
La autora nos explica después la esencia del haiku. Lo primero el kigo o «palabra de estación», alusión al momento en que se compone, al instante que se quiere captar, pero con un trasfondo cultural reconocido que fueron renovando los grandes haijines o escritores de haikus por medio de un vocablo o un sentimiento novedoso.
Explica después Seiko Ota algunos otros aspectos del haiku, como la combinación de dos temas en tan breve espacio verbal y una de las claves del haiku: la omisión, la insinuación, para dejar campo a la imaginación del lector. Revela asimismo lo que el haiku supone como saludo o diálogo con los seres vivos, los difuntos y la naturaleza, y lo que llama el kukai o colaboración entre los autores de haikus, para terminar comentando los dos más célebres haikus del país nipón, los dos del gran maestro Basho (1644-1694) y sus Sendas de Oku, que Octavio Paz tradujo en su día al español. Dice uno de ellos: «Estanque viejo: / una rana salta, / el sonido del agua». El libro de Seiko Ota nos acerca con sencillez y hondura a un género que nuestra cultura poética ha ido asimilando, cada vez con mayor cultivo y conocimiento.