Diario de León

El día que León perdió un policía y nació un héroe

Tres lustros desde el fatídico accidente en el que Gabriel LLamas, Gabi, cayó de un tejado en acto de servicio y se salvó al precio de un daño cerebral irreversible

Gabi entre Esther y sus hijos Hugo y Jimena.

Gabi entre Esther y sus hijos Hugo y Jimena.dl

Ana Gaitero
León

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«Nos vemos para desayunar». Son las últimas palabras que dirigió Gabi a Esther. Fue por teléfono, a la una de la madrugada. El policía local tenía el turno de noche y su esposa estaba en casa con dos bebés. Era el comienzo del día más aciago de su vida. Poco antes de las siete de la mañana del 7 de agosto de 2010 un agujero negro absorbió a la persona que había sido hasta entonces mientras perseguía a un delincuente tras un atraco en un bar de la calle Velázquez.

El caso del policía que se cayó del tejado en acto de servicio conmocionó a la ciudad mientras Gabi permanecía en coma, más cerca de la muerte que de la vida. Gabi se salvó «de milagro», titulaban los periódicos aquellos días en los que Esther Vega, su esposa, se sacaba la leche para la lactancia de Hugo, que era un bebé de cinco semanas, y Jimena, con tan solo 21 meses, también era ajena a aquella hecatombe personal y familiar.

Gabriel Llamas Andrés antes del accidente.

Gabriel Llamas Andrés antes del accidente.DL

Una operación del servicio de Neurocirugía en León le salvó la vida y cinco meses en el Instituto Gutman de Barcelona le devolvieron a casa. Pero el Gabi que volvió del precipicio de la muerte era otro Gabi. «Mi tercer bebé». El daño era irreversible. Se fue el hombre, el policía, el padre, el esposo y nació un héroe (y una heroína, aunque eso no lo dice ella).

Quince años después Esther quiere recordar al hombre que fue y, sobre todo, quiere que sus hijos sepan quién era su padre. Y que León no olvide que un policía dejó su vida en aquel agujero negro. «Es necesario no olvidar, porque cuando veo fotos o vídeos apenas lo recuerdo. Porque es otra persona y porque los niños necesitan saber quién y cómo fue su padre».

Gabi era «emprendedor, deportista y dicharachero». Le gustaban las motos, jugaba al fútbol y era un romántico. Se esforzó porser policía. Mientras preparaba la oposición trabajaba en un supermercado. Vivió el nacimiento de su hija y su hijo con una enorme ilusión. Ahí están las fotos dando el bibe a Jimena.

El joven enamorado pidió en matrimonio a Esther, Estherina, su amiga de toda la vida y entonces ya novia, con una carta. «Escribía muy bien. Me dejaba notas por todas partes. Algunas rescaté y conservo en una caja». Gabi era de Eros Ramazotti, bisbalero y seguidor de OT. El día de su boda bailaron «Qué precio tiene el cielo», de Mark Anthony. No sabían que el suyo iba a ser muy caro. «Me encanta recordarlo porque cuando tengo días malos y no puedo más, sé que cuando me enamoré no me equivoqué», dice Esther.

Los compañeros entregaron la placa que Esther para Gabi el día del 25 aniversario de su promoción en el cuerpo.

Los compañeros entregaron la placa que Esther para Gabi el día del 25 aniversario de su promoción en el cuerpo.DL

Gabi llevaba poco más de un año en la Brigada Especial Bravo-200 de la Policía Local de León, después de otros once en Tráfico. El 7 de agosto de 2010 murió el hombre y nació el héroe. Tenía 33 años. Y se quedó en una edad indefinida, sin razón y con las emociones alteradas. «Jamás volviste a ser el mismo. Qué duro es no tener consciencia, no sentir, solo saber quiénes son tus personas de referencia», escribe la esposa, madre, cuidadora, tutora legal... «Hay que recordar que vive sin pasado, sin consciencia», subraya. En vísperas del aniversario ha hecho un viaje en el tiempo en la hemeroteca de la Biblioteca Pública con su hijo Hugo para rescatar la memoria de aquellos días que escribieron la catástrofe y la proeza. Jimena ha recopilado los recortes en un vídeo memorial.

«Al principio sobrevives por la esperanza. Luego por los hijos. Y nunca, nunca te repones. Siempre existen las preguntas de por qué nosotros», confiesa. Pero «hay que seguir, por la familia que habíamos formado». «Te acostumbras, aunque a veces es malo acostumbrarse, pero otras es la única alternativa junto con vivir de los recuerdos», añade.

Empeñada en que no se olvide ni le olviden, lamenta que la ciudad, el Ayuntamiento de León, no le haya hecho un reconocimiento. El año pasado fue ella misma quien le hizo una placa al no ser invitado al 25 aniversario de su promoción.

«Le hicieron un partido de los compañeros de la Policía Local cuando llegó de Barcelona. Y allí le dieron una placa de parte de ellos», apunta. Cierto que en octubre de 2010 le dieron la Medalla al Mérito de la Policía. «La recogí yo porque él estaba en Barcelona», apostilla. Su jubilación fue un mero trámite burócratico en mayo de 2011. Un compañero y amigo le lleva a todas las celebraciones de la unidad. Sus compañeros le entregaron la placa del 25 aniversario. No fue invitado oficialmente. Y a su esposa le duele. «Dio su consciencia y su razón por velar por la seguridad ciudadana por amor y vocación a su placa».

Las personas menos cercanas saben de sus secuelas porque Esther ha hecho todo lo posible «para llegar al mayor número de familias y hacer visible lo invisible. Las más cercanas siempre que le ven exclaman lo bien que está Gabi. «Y sí, estás guapo, estable, pero sin ser tú. Cuando enciendo tu antiguo ordenador y veo un vídeo tuyo de antes.. ¡Ay! Como nos gusta verte. Intenso, majo, simpático…». Y, no, Gabi no ha perdido la sonrisa.

«Gabi vive sin pasado ni consciencia. Primero sobrevives por la esperanza. Luego por los hijos. Pero nunca te repones»

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