El gen de los pescaderos maragatos sigue vivo
La tercera generación toma el relevo en la Pescadería La Ría fundada por Matías Mata, de San Martín del Agostedo, pueblo del que salió con 14 años a León

Matías Mata Fernández con su hijo Emilio Mata Fernández y su nieto Raúl Mata Solla, tres generaciones en La Ría.
Raúl Mata Solla es la tercera generación de la familia que se pone al frente del negocio de pescadería que fundó su abuelo. La Pescadería La Ría, actualmente en la calle San Juan, es una de las últimas tiendas de pescado de cercanía de las muchas que fundaron los emprendedores maragatos y que aún gozan de fama en Madrid.
El actual socio número 1 de la Cultural y Deportiva Leonesa, Matías Mata Fernández, de 92 años, llegó a León con tan solo 14 años para trabajar en la pescadería que su hermano mayor, Manuel Mata Fernández, fundó en 1947 en la calle Juan de Arfe. «Mi hermano fue pescadero en Zaragoza. Ya había allí algún familiar que tenía pescadería», recuerda Matías. En una familia de nueve hermanos, cinco hombres y cuatro mujeres, seis se dedicaron a vender pescado. José Mata Fernández tuvo la pescadería en la calle Herreros, Francisco Mata Fernández en el barrio de San Esteban, Ángeles Mata Fernández, en la calle Pendón de Baeza, y Emilio Mata Fernández en Doctor Fléming y calle Astorga.
La placa que luce la pescadería, en la que actualmente trabajan cinco personas, tiene más nombres: Rosa Grande Pérez, la esposa de Matías, estuvo al frente de pescaderías en Armunia y calle La Serna y su hijo, Emilio Mata Grande, que empezó en la calle La Serna y trasladó el establecimiento a la calle de enfrente, San Juan, acaba de dar un paso atrás mientras su hijo y nieto de Matías, Raúl Mata Solla, toma el relevo.
Emilio, que se hizo cargo del negocio familiar en 1993, cuando su padre cumplió los 60 y él andaba por los 32, permanecerá como colaborador hasta su jubilación. Matías trabajó con su hermano Manuel hasta que se hizo cargo de la pescadería de Juan de Arfe, luego fundó las de Armunia y calle La Serna.
«Empecé ayudando en la de Armunia y luego en La Serna. El pescado me gustaba. Es lo que tiene, si te gusta, te engancha», dice Emilio. «Además, había que vivir de ello», apostilla Matías, orgulloso de que primero su hijo y ahora su nieto sigan con la tradición. La saga continúa aunque las raíces maragatas se hayan diluido en el trasiego migratorio.
Que en esta pescadería el oficio es pasión se palpa en el ambiente. No se trata solo de vender pescado. Hay que comprar el mejor producto y saber tratarlo para dar a los clientes calidad y buen servicio. Otro ingrediente que sostiene el negocio es el trato. «A la gente le gusta que le hables», comenta Matías.
La receta vale tanto para sus tiempos como para los que transita su nieto. La Ría es un negocio animado donde nunca falta una sonrisa o un paraguas que llevarse si llueve y se va al descubierto.
En casi un siglo han cambiado muchas cosas. En aquel entonces lo que más se vendía eran los chicharros, pescadillas, el verdel... «Se comía de todo», incluso algún marisco de vez en cuando.
Ahora hay más variedad, aunque los clásicos siempre funcionan. Bocartes, merluza, lubina, dorada, salmón... son algunos de los peces más demandados. En la temporada veraniega, esta pescadería de barrio que vende a todo León, se distingue por sus bonitas, más roja y más jugosa que el bonito. «Somos de los pocos que las ofrecemos», apunta Raúl.
El nuevo jefe de La Ría empezó a los 18 años. «Al principio repartía en verano para ayudar a cubrir las vacaciones. Cuando acabé de estudiar, después del covid, me quedé aquí», apunta. Raúl Mata Solla estudió Hostelería, con la especialidad de cocina, en el Ceifp de León en San Cayetano. «Me empezó a enganchar el pescado, me gustó mucho y hasta hoy», apostilla.
Lo que más le gusta es «despachar y comprar». Si para lo primero la receta es la misma de siempre, para hacer las compras las cosas han cambiado mucho.
«Yo iba a Asturias muchas veces a las dos de la mañana y a las siete estaba aquí. Te tiene que gustar madrugar, había que ir a las lonjas y a Mercaleón», apunta Emilio. «Ahora se hace a través de llamadas y Whatsapp. Te mandan fotos de la lonja y ves todo el pescado. Por la mañana temprano, llega el camión y te lo deja en el local», señala Raúl.
Matías vivió una época bien distinta. Durante muchos años, iba con una bicicleta a vender el pescado por pueblos cercanos a Armunia, como Villacedré o Villaseca. La romana que luce colgada en una de las paredes de la pescadería con la foto de Matías, Rosa y Emilio impresa es una reliquia de aquella época heroica.
«Todo lo que sé lo he aprendido de mi padre y de mi abuelo», reconoce Raúl, también orgulloso de recoger el testigo de dos generaciones y de la saga de pescaderos maragatos que pasaron de llevar el mejor pescado a la capital de España en sus carros a venderlo en sus mercados. Quedan pocas pescaderías y menos negocios que continúen de generación en generación como ha ocurrido el primero de septiembre en la calle San Juan de León. La Pescadería La Ría, con el gen maragato en sus orígenes, sigue viva y coleando con el mejor pescado en el barrio de El Ejido de León.