El Corpus de Laguna de Negrillos «merece reconocimiento internacional"
El antropólogo leonés José Luis Alonso Ponga publica un libro con la historia y enjundia de esta tradición que es "religiosidad popular y patrimonio europeo"

Imagen del Corpus de Laguna de Negrillos de este año y los danzantes Arsenio Martínez y Faustino Ugidos hacia 1934.
El Corpus de Laguna de Negrillos «debería ser declarada patrimonio cultural inmaterial a nivel europeo, por su singularidad», asegura José Luis Alonso Ponga, antropólogo leonés y director de la Cátedra de Estudios sobre la tradición y del Centro Internacional de Estudios sobre Religiosidad Popular.
Después de décadas de estudio de esta tradición arraigada en la villa de Nuestra Señora del Arrabal desde el siglo XVI y que ha resistido a los vaivenes y envites de la jerarquía eclesiástica, el estudioso de Alcuetas acaba de publicar el libro «El Corpus de Laguna de Negrillos. Religiosidad popular y patrimonio cultural europeo», de la mano de la editorial Lobo Sapiens.
El Corpus es una de las muchas celebraciones profanas y religiosas de Laguna de Negrillos. Nunca ha sido fiesta patronal, pero fue y es una «celebración central» que marca el ciclo festivo lagunés. «Es el quicio sobre el que gira la identidad de la villa», aprecia José Luis Alonso Ponga.

Arsenio Martínez y Faustino Ugidos, danzantes de Laguna de Negrillos, hacia 1934.
Esta fiesta y todo su ritual es «un patrimonio cultural inmaterail de primer orden basado en la religiosidad popular e interpretada desde un núcleo rural a lo largo de los siglos», precisa.
Conocida tradicionalmente como procesión de Los Apóstoles o el Apostolado, tiene su origen en el siglo XVI y a día de hoy «conserva parte de los atractivos del siglo XVII con representación de un Auto Sacramental de exaltación de la Eucaristía». Los Apóstoles con máscaras y túnicas de colores, portan en la mano los objetos con los que son venerados en los altares.
Participan también San Juan Bautista, una de las figuras más llamativas, porque camina descalzo vestido de pieles, el Arcángel S. Miguel y Jesucristo, pero, sin duda, la figura central y más llamativa es el San Sebastián con traje de capitán del siglo XIX.

Portada del libro.
Con su espada al cinto bajo la mano izquierda y una larga flecha, símbolo de su martirio, en la mano derecha, «es la atracción del desfile por un paso lento característico, entre marcial y procesional».
También acompañan a la procesión ocho danzantes vestidos de blanco con mantón rojo y lazos multicolores, y dos birrias vestidos de negro con máscaras del mismo color, que abren paso a la procesión golpeando con las trallas en el suelo y fustigando a los que irrumpen en la procesión.
Se trata de una esceneficiación de la lucha entre el bien —la custodia— y el mal, —San Sebastián—, que camina a su albedrío «pasando» del Santísimo, pero al final, ya desenmascarado se rinde humillado ante el Santísimo y recibe la bendición con la custodia.
El Concilio de Trento hizo de la procesión del Corpues «una gran fiesta» «para demostrar públicamente a luteranos y calvinistas que nuestra religión era alegre y de contento». Pero a lo largo del tiempo se consideró que podía ser excesivo, pues había Tarascas o Gomias, zangarrones y otras máscaras y personajes paganos.
En Laguna de Negrillos se quiso prohibir hacia 1867 y al cura que lo intentó, por mandato del obispo de Astorga, «lo echaron del pueblo a cantazos».
«La novedad de este estudio radica en el planteamiento holístico de la fiesta», explica el antropólogo. El libro contextualiza el ritual en la celebración eclesiástica universal para llegar a la celebración local dentro de la religiosidad popular de Laguna de Negrillos.
Estudia el origen de la procesión de Corpus (siglo XI y siglo XIII en León), la celebración de Las Minervas (misa con procesión por el interior del templo que se celebran una vez al mes), la regla de la Cofradía romana sita en Santa María sopra Minerva, origen de todas las del mundo, enriquecida con las indulgencias concedidas por el papa Paulo III. También ahonda en el panorama religioso de Laguna, —villa con dos parroquias—, y las cofradías más importantes juntamente con el paisaje antrópico religioso en el que se desarrolla la procesión del Santísimo. La procesión de Laguna de Negrillos «es una muestra de la capacidad de adaptación de la religiosidad a las necesidades del pueblo que la hace suya y evoluciona según sus necesidades. Por eso se ha convertido en la identidad central de esta villa», subraya Alonso Ponga. «Uno se pregunta cómo no tiene un reconocimiento internacional, como se merece», reflexiona al final del libro.
El antropólogo aporta datos históricos sobre el cultivo de la vid y la producción del vino en el Páramo desde el s. XVIII que demuestra la antigüedad de algunos vinos actuales en las costumbres comensales de la cofradía. El Corpus en la Tierra Llana leonesa y Tierra de Campos aparece en tradiciones y costumbres de la comarca (Valencia de Don Juan) y la relación con ciudades como Benavente o Valladolid en las danzas, comedias y atuendos. El libro es fruto de un estudio que comenzó en el siglo pasado cuando conoció a don Faustino Ugidos, un vecino de Laguna enamorado del Corpus que trabajó hasta su muerte por conservar y enriquecer la fiesta.
Ponga ha desarrollado el trabajo de campo durante años con observación y búsquedas en archivos en Roma, Valladolid, Astorga y León; además de los archivos parroquial y municipal de Laguna de Negrillos. Las imágenes, algunas de Diario de León, siguen el planteamiento antropológico de todo el libro.