Diario de León

Voluntarias africanas en León para apoyar a menores en riesgo

Auryn atiende en León a 120 menores y tiene treinta personas voluntarias, la mayoría se han beneficiado de los programas y se quedan para ayudar

Sonia Bationo, Christie Atsanga y Henriette Kangoni.

Sonia Bationo, Christie Atsanga y Henriette Kangoni.virginia morán

Carmen Tapia
León

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Henriette Kangoni, de Togo, y Christie Atsanga, de Gabón, se conocieron hace tres años en un ágora de poesía infantil organizada por Auryn en el Musac. Las dos tienen 25 años, estudiaron en León y actualmente están trabajando. «Fuimos a leer nuestras poesías, conocimos a los niños y nos quedamos». Colaboran como voluntarias en la asociación para dar apoyo a los menores que participan en los programas educativos, ocio y tiempo libre siempre que su horario laboral les permita compatibilizar las dos tareas. Sonia Bationo tiene 27 años, es de Burkina Faso, y hace siete meses llegó a León para estudiar robótica en el centro Don Bosco. Es una de las últimas jóvenes que se ha incorporado a la asociación, que cuenta con treinta personas voluntarias, la mayoría procedentes de países como Costa de Marfil, Gabón, Siria, Marruecos, Colombia y Venezuela, que cuando eran menores de edad participaron en las actividades organizadas por Auryn y después se han quedado como voluntarias para respaldar las actividades.

Auryn atiende a 120 menores en riesgo de exclusión social desde hace más de veinte años en un área de trabajo en la zona del CHF (barrios de la Lastra-La Chantría), con el objetivo de crear espacios, posibilidades y alternativas de ocio y tiempo libre educativo para infancia, juventud y familias. El apoyo educativo, personal y social de los menores que tienen entre los 3 y los 16 años favorece la igualdad de oportunidades y su inclusión en la escuela y en la comunidad al mismo tiempo que se trabaja con la familia para mejorar la calidad de vida.

Multiculturalidad

«La riqueza de todas las actividades de Auryn es que aprendemos unos de otros y los menores tienen referentes de otras culturas en los encuentros y actividades que organizamos», asegura Sandra Mateos, trabajadora social de la asociación.

«Los niños tienen mucha curiosidad por conocer cosas nuevas», destaca Henriette Kangoni, que resalta la importancia de compartir espacios multiculturales donde se muestran la gastronomía, la moda y las costumbres de otros países. «A mí, por ejemplo, cuando viene a León con 22 años me extrañaba mucho la comida, pero ahora me encantan las tapas que ponen en los bares y la tortilla de patatas», aunque echa de menos el fufú, un plato tradicional de la comida africana que es una bola ligera de harina de maíz mezclada con agua caliente.

El proyecto de diversidad de la asociación incluye música tradicional de países diferentes, gastronomía y baile «con conciertos que organizamos junto con el centro Bosco y La Fontana». La interacción de menores de distintas nacionalidades y edades con el voluntariado multicultural «enriquece el aprendizaje» para conseguir una convivencia pacífica y de respeto.

«Vamos con los niños y las niñas en grupo a los campamentos urbanos, los apoyamos con los ejercicios, en el huerto, en las actividades como el teatro de sombras, excursiones y talleres de reciclaje como ‘cosas viejas para una vida nueva’, que se organiza en La Xana del Torío, en la antigua estación de Feve en Pedrún». También han colaborado en la realización de un mapa de los edificios históricos de León y las actividades en una convocatoria de León Joven.

«La riqueza de todas las actividades de Auryn es que aprendemos unos de otros y los menores tienen referentes de otras culturas"

Christie Atsanga trabaja de recepcionista en el parador de Lerma, después de completar el periodo de prácticas en el parador de San Marcos. «Me gustaría seguir en el sector de la hotelería y el turismo», segura. «En los proyectos en los que colaboro con Auryn he conocido a mucha gente. España es el país de mis sueños, al que quise venir desde pequeña, pero cuando llegas te das cuenta que la gente es cerrada y cuesta trabajo de que te conozcan y acepten porque nos ven con otro color de piel. Estoy segura de que voy a cumplir mis sueños. Voy a poner todo de mi parte y utilizar los medios a mi alcance para conseguirlo».

Más esfuerzo

«Nosotras tenemos que esforzarnos más», asegura Henriette Kangoni. «La gente joven no tiene ningún problema, pero hay personas mayores tienen miedo a lo desconocido. A mí me gustaría trabajar de dependienta en una tienda de moda y sé que no me van a llamar para nada que sea una atención de cara al público. Ahora trabajo en el sector de la limpieza».

Sonia Bationo se acaba de incorporar al proyecto de Auryn. Llegó a León hace siete meses y aún tiene dificultades con el idioma y, como sus compañeras aseguran «está en pleno choque cultural». «Llegó en invierno a una ciudad con unas costumbres diferentes, la comida, la gente... cuesta un tiempo adaptarse». Sonia asegura que todavía no ha encontrado amigos que le ayuden a adaptarse a las costumbres y a avanzar en el idioma. Ha viajado desde Burkina Faso a León de la mano de su tío para completar sus estudios. «Estudio robótica y quiero dedicarme a la reparación mecánica».

Henriette opina que el apoyo de un amigo ayuda a avanzar en los estudios y en el idioma. «Yo tuve la suerte de encontrar un amigo que me apoyó desde el principio porque, debido al idioma, había cosas de las que no me enteraba. Me indicaba los deberes que mandaban y hablaba mucho con él para practicar el idioma. Eso me ayudó bastante».

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