Diario de León

Gente de aquí | Bares con tradición

Los méritos de «El Capricho»

La famosa cantina leonesa de la Plaza de las Palomas ha recibido del Ayuntamiento de León el reconocimiento de comercio tradicional junto a otros cuatro establecimientos

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P. Casado - león
León

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Desde que su padre cogiera el negocio y abriera el primer día de enero de 1938, Arturo Suárez ha visto transcurrir desde las puertas del bar «El Capricho» todos los acontecimientos de la vida de la ciudad de León . «Era un niño cuando empecé ayudando a mi padre», confiesa este veterano hostelero leonés que ha recibido hace poco tiempo del Ayuntamiento la placa que reconoce a su bar como un establecimiento tradicional. Durante sesenta y cuatro años, Arturo ha servido vino, refrescos, licores y limonada en la barra y las mesas de este recinto que muchas veces se ha quedado pequeño para acoger a sus muchos devotos. Conocida desde siempre, esta cantina de la Plaza de las Palomas se llamó «La Flor de la Ribera» y «Ojines» antes de su nombre definitivo y desde que se incorporara Lourdes Marcos, esposa de Arturo, el bar alcanzó su plenitud. De las cocinas salían diariamente cientos de raciones de platos leoneses. Callos, pulpo, mollejas, tortillas, croquetas, morcilla, bacalao, eran famosos en todos los confines de la provincia y miles de clientes acudían al reclamo de olores y sabores de «El Capricho» que terminaron siendo legendarios. Arturo y Lourdes recuerdan a soldados, mineros, agricultores, ganaderos, campesinos. Gentes de fuera y de dentro, diversa y vital que degustaban con fruición sus apetitosos platos. Fuera, en la plaza más famosa de León, transcurría la vida cotidiana de postguerra primero, autarquía después, el tímido despegue que trajeron los tecnócratas, los últimos años del franquismo y los primeros de una balbuciente democracia. Y siempre las palomas. «No han podido con ellas, dice Arturo, y eso que lo intentaron varias veces». En sus recuerdos los treinta limpiabotas puestos bajo los árboles en la acera del bar y entre lustres de botas o zapatos, «bebían mucho vino». Toda la familia se ha integrado en las tradiciones leonesas. Son de los primeros papones y manolas que formaron la hermandad de Santa Marta, patrona de los hosteleros y que desfila en procesión con su hábito rojo y blanco. Un mérito que también ha sido reconocido, un remate precioso a toda una vida dedicada a lo leonés. Y en tiempo de Cuaresma se conjuran las recetas del preciado bacalao al ajo arriero o la buena limonada, de la que «se han llegado a vender 200 litros en un día», hecha en casa, claro, con buen vino de León, tinto y clarete y mejor fruta. Arturo y Lourdes lo único que lamentan es que ninguno de sus cinco hijos quiera quedarse con el bar, «al menos de momento», dicen ambos.

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