Cosas de aquí | Un Olimpo en el Bierzo
Mercurio caído del cielo
La figura del dios del comercio, obra del escultor Juan José Albares, se une a la nómina de personajes mitológicos que el caminante descubre en la localidad bembibrense de Viñales
Cuenta la leyenda que el dios Mercurio era el más picaruelo del Olimpo. A Cupido le robó el carcaj con las flechas y hubo muchos enamorados que no llegaron a serlo. A Vulcano, el de la fragua, le robó las tenazas, y a Marte, dios de la guerra, la misma espada. La cosa pasó a mayores cuando Neptuno echó en falta su tridente y ya no pudo agitar las aguas, y Apolo perdió su famoso rebaño de bueyes. No es de extrañar que antes de ser el dios del comercio, el inventor de la lira y el conductor de las almas que pasaban al infierno, a Mercurio le conocieran como el dios de los ladrones y lo desterraran del cielo. Y así, caído del cielo, se aparece al caminante desde hace unos días en la carretera de Viñales (Bembibre), donde el escultor Juan José Albares inició la década pasada su proyecto de convertir las colinas y los campos de su pueblo en el paisaje de un cuento mitológico. La de Mercurio, como antes la del minotauro, la de Ícaro o la de Marte transformado en jabalí, es una figura recortada en chapa galvanizada y pintada, de unos dos metros y medio de altura. Anclada en un viejo castaño, el conductor, o el caminante, descubre su perfil atravesado en el tronco del árbol, como si la madera le hubiera atrapado en su vuelo. A la figura De Mercurio -segunda que coloca en un árbol, después de la sirena que acecha al paseante en un fresno a las afueras del pueblo-, no le faltan las alas que le puso en los talones su padre, el dios Júpiter, para convertirle también en dios de los viajeros y los caminantes. Pero todavía no tiene algunos atributos que le distinguen de los demás dioses y con los que le asocia la leyenda, quizá porque Albares ha elegido un Mercurio muy joven para su recreación. Quienes conozcan la mitología griega y se acerquen hasta Viñales, echarán de menos el caduceo en las manos; una varita de avellano que tenía la virtud de reconciliar a las personas enemistadas y cuyo poder probó con dos serpientes que reñían y que terminaron enroscándose en el palo para formar el símbolo de la armonía. Y tampoco aparece la lira que regaló a Apolo (el de los bueyes) para vencer su enfado. Está claro que es un Mercurio anterior a la reconciliación. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca y profesor de Secundaria, Juan José Albares ha expuesto su obra en otros espacios abiertos como el parque del Plantío, en Ponferrada, donde pudo verse su colección de culebras policromadas. Con el respaldo de Instituto de Estudios Bercianos, el escultor y pintor, prepara una nueva muestra que se exhibirá en la sala de exposiciones de Caja España dentro de unos meses.