CORNADA DE LOBO
Para foto
CHURCHIL tenía perro y a veces se adornaba con él. El canciller alemán Helmut Schmidt esnifaba rapé en estrado y tenía un teckel que le mordisqueaba el faldón de los pantalones. Giscard d'Estaign salía a la puerta del Elíseo a recibir a mandatarios con un medio labrador. A Ronald Reagan le bailaba junto al helicóptero presidencial su perro cocker americano y todos los presidentes que le subsiguieron llevaron perrito en la foto, Carter, Bush, Clinton y otra vez Bush. Mitterrand tuvo el suyo y pisaba alfombra versallesca. La reina inglesa tiene los perritos más repelentes del globo y los ata de cinco en cinco. El venezolano Chaves no tiene perro porque él mismo se sobra y basta. Desde hace algunos años se puso de moda el estadista con can que mueve el rabo para demostrarle a su dueño que hay alguien que le quiere porque sí y no por el cargo o privilegio, que también lo tienen conferido en protocolo y en cocina. También Aznar tuvo el suyo cuando estrenó Moncloa, perro faldero, claro está, sin contar a Cascos, que era doberman para los socialistas. Berlusconi tampoco se priva y en sus fotos de mansión allí sale siempre una caja de ladridos. Franco no tuvo perro, pero tenía un jefe nacional del Movimiento y toda una guardia mora, que para el caso y el ladrido cumplían de maravilla. Los zares metieron siempre afganos señoriales en su Kremlin y en sus cuadros de familia. En fin, a los mandamases les da ahora por adornarse como aristocracia velazqueña con meninas y perrazo, hay que sacar al perro a una galería en la que seis millones de votantes también lo tienen, un perro para la foto, que es gesto de lucimiento y postura en una sociedad que compra mascotas para darlas el cariño y la atención que se niega a familiares, odiados vecinos y congéneres que nos importan un pito. ¿Por qué, pues, iba a negarse el burgomaestre de la ciudad de León a lucir su propio perro sobre el alfombrón municipal? Un estadista es siempre un estadista y hoy los estadistas se venden con perro. El de este burgomaestre es un bulldog, posiblemente el perro más inútil y malencarado del mundo, pero el más de moda entre la repijez de marca y glamour, perro caro, baba pura, un perro de estorbar y más feo que pegarle a un padre. Si quiés conocer al tu vecín, da'i un carguín... y un perrín.