CORNADA DE LOBO
Griesca incivil
EL FANTASMA de la Guerra Civil es perro flaco, bronco, pernisquebrado y con severas secuelas de su vieja rabia que son baba seca en las foceras, un perro muerto que es resucitado de vez en cuando por el viejo ciego y tullido trompón al que guía entre las nieblas oscuras que pueblan el bosque mental del resentimiento; le azuza y se pone a ladrar; entonces, en sus tumbas se revuelven de contentos Millán Astray y Moscardó, Negrín y uno del Poum, procediendo todos a marcarse un brindis con un vaso de gusanos. No es sólo Maragall quien reaviva esta herida rascando majaderamente la postilla. Javier Cercas vuelve a esa guerra en su nueva novela porque ni Salamina ni el Alcázar acusan síntomas de rendición; la literatura con gusanera atrae; y hay pintores fotografiando el maldito arte que le cabe a la guerra, escultores exaltando en monolitos la memoria y poniendo en pie la lápida de silencios que sepultó a perdedores para compensar agravios. Siempre la guerra agazapada en el salón, ecos del frente y de tapias de cementerio que incendian la memoria como si fuera una lamparilla perpetua puesta al pie de un sagrado corazón y de santa revancha bendita. Ese alcázar no se rinde, esa guerra aún no se ha saldado. ¿Hay cuentas pendientes? Quedan trincheras en la mollera de muchos. Quizá las heridas comiencen a cicratizar cuando se muera la tercera generación. Al cretino y al amargado les gusta la guerra; es fácil elegir, sólo hay dos bandos, buenos y malos, no se admiten tonos ni neutralidades, o conmigo o contra mí. La guerra civil española dejó tarado del bolo y de la risa a medio país; al otro medio lo dejó lelo y helado. Tres años seguidos haciéndose herida sin cesar traen una convalecencia larga, sangrada y mezquina. Aún dicen que la revancha es un derecho. Procurar desgracias al otro o alegrarse de ellas sigue estando a la orden del día. Pero el fantasma ladrador de la guerra que sacó a pasear Maragall ya no es el de las dos Españas de izquierdas y derechas. No insista. Esta España es ahora del «Madríz» o del Barsa; o la España de Euskadi que es tercerona perpetua en la liga y va a su puta bola; más la España de Fraga que se instaló en «la arruga es bella» y ahí dormita; y otras quince Españas más. Resucita el perro, pero no la guerra. Esto es simplemente una griesca incivil.