Diario de León
Publicado por
AGUSTÍN JIMÉNEZ
León

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UNA TRINIDAD de indios, plantadores de coca y mineros, muchos de ellos niños, han bajado a las ciudades capitalinas de Bolivia con peticiones peregrinas. La semana pasada ocuparon muchos minutos de telediario. Hasta que los han desalojado asuntos más urgentes: el «cheque» británico, símbolo bonito de justicia intergubernamental europea, o la absolución de Michael Jackson, normal por otra parte en un país que nunca condena a los ricos. Los pertinaces bolivianos, a los que habrá que contentar de algún modo, no tienen visos de obtener su máxima reivindicación: la nacionalización de los copiosos recursos del subsuelo. No es cuestión de desposeer a las empresas que tanto han invertido para industrializarlos y comercializarlos. Las odiadas multinacionales, Repsol incluida, son los poseedores legales. Si en Latinoamérica nunca se hizo caso de los pobres, mucho menos se les va a escuchar en el mercado abierto de 2005, tan cruel que hasta los orgullosos europeos tienen que suplicar a los chinos, infinitamente reproducibles, que limiten, por favor, la invasión de sus productos, que desde el inicio del año han llegado a aumentar hasta el 600%. La imagen de los desesperados del altiplano andino va a ser la última imagen organizada de una multitud que nunca atrapará la Historia. Su vecino, el estrambótico Chávez, aduce que la culpa de la crisis de Bolivia es de Bush y su liberalismo. «Mr. Danger» (Señor Peligro), lo llama. Los bolivianos protestadores están out. Están, sin embargo, razonablemente pertrechados, tienen líderes y simpatizantes, algunos en el extranjero, como Chávez. En muchos sitios de África la gente se apaga bajo el peso de las moscas sin planes en el horizonte, ni fuerza para levantar la voz. Presidente del G-8 esta temporada, Tony Blair ha declarado, tal vez con buena intención, que se ocupará primordialmente de los hambrientos (en cuanto negocie lo de su cheque). La «comunidad» internacional se niega a enviar más dinero. Con algo de razón, USA arguye que el dinero se lo quedarían los políticos ladrones del continente. De momento, los africanos se mueren: de políticos ladrones pero también de hambre, de guerras, de SIDA y de esa panoplia de plagas que sólo se abaten sobre los desheredados. Los últimos que protestan en su nombre son los pobres bolivianos.

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