Diario de León

«Nadie es capaz de controlarlo»

Los 168 habitantes de la pequeña localidad de Riba de Saelices seguían anoche pendientes de las llamas, que cercaban el pueblo tras arrasar parte de los bosques que lo rodean

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s.v. / j.o. | redacción
León

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Ninguno de los 168 habitantes de Riba de Saelices pudo dormir ayer. Entrada la noche, las llamas aún cercaban el pueblo y los vecinos ni siquiera sabían si iban a ser evacuados de madrugada. «El fuego está a unos tres kilómetros, pero las llamas se ven desde aquí, son inmensas y lo están llenando todo de humo y cenizas», aseguraba a medianoche Rosa García Funes, vecina de Riba, la parroquia más grande de las tres que componen el municipio y en la que viven 111 personas, según el Institu-to Nacional de Estadística. Las otras dos, Ribarredonda y La Loma, tienen medio centenar de censados. Rosa tuvo todo el fin de semana una sensación agridulce. Su hijo, Ricardo, se casó el sábado por la mañana, pero la familia apenas tuvo tiempo de celebrar la boda. «Cuando volvimos de la iglesia empezamos a ver fuego, y todos los jóvenes se fueron al monte, a apagarlo», explica. Varios de de ellos aún no habían vuelto anoche a sus casas, y nadie sabía a esa hora si estaban bien. Riba tiene una extensión de 66,7 kilómetros cuadrados. Gran parte del término está lleno de pinares y encinares, además de las zonas dedicadas al cultivo del cereal, pastos y plantas aromáticas (espliego, tomillo, romero...). Sus vecinos presumen de que, pese a la limitación de los servicios de los que disponen en un pequeño municipio rural, ese paisaje les ofrecía una idílica calidad de vida hasta que el fuego amena-zó con destruirlo todo. Como otros habitantes de la localidad, Rosa cree que la tragedia se originó en una barbacoa casera. «Una chispa saltó a unos matorrales y en seguida prendió todo. Hace mucho calor», dice. Ayer, el Instituto Nacional de Meteorología registró más de 34 grados de temperatura en su estación de Guadalajara, y la versión de la barbacoa está en boca de todos. A Milagros Santaloria, vecina de La Loma, se la contó un vecino el domingo por la mañana, como a José García Adán, de Ribarredonda, quien lamentó que al descuido humano se hubieran añadido el calor del verano y al viento que sopló todo el fin de semana.

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