Diario de León
Pedro García Trapiello

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DE UN TIEMPO acá es vicio general -y en tocándonos, cosa tolili y cazurrona- sacar ropajes cuarteleros de donde la polilla obraba su higiénica misión y teatralizar festivamente episodios bélicos y truculencias bestiales que empaparon de sangre los surcos de la historia y la memoria de los surcos, consiguiendo así resucitar lo que el lentísimo tiempo había logrado sepultar. Estupendo. Genial bobada. Mamporros medievales, guerras romanas, torneos, cañonazos con esparabán... alardes de infantería y sueños de mariscal, atrezzo gagá, película de tiros... Más madera, es la guerra. Ahora es moda el tufo napoleónico de levita, espingarda y bayoneta porque todo el mundo tiene cerca de su esquina alguna batallita de aquella guerra de la Independencia que inicialmente declaró España, pero que técnicamente la hicieron y la ganaron los ingleses que aquí vinieron y unas tropas propias desentrenadas, de caótico voluntarismo y alistadas con leva urgida, tropa alpargatera que fue vestida con uniformes ingleses en muchos casos, como en Astorga, donde ahora homenajean aquellas pólvoras y la caída de la ciudad (hay manía de festejar derrotas) tras una resistencia heroica (siempre somos heroicos) e inútil, aunque haya quien asegure que a Napoleón pudieron defuncionarlo en este sitio y asedio con un atentado mal hilvanado (cuando con dos cocidos se hubiera resuelto el trance). En fin, a los ingleses -que también arrasaron lo suyo y nos volaron puentes y orgullos en su retirada hacia La Coruña- tuvimos que pagarles después dándoles viñedos y minas, palacios y fincorras, la mitad de Jerez que bautizaron Sherry y ducados por un tubo a wellingtons, osbornes, terrys, sandemans o domecqs. Lo que aterra es comprobar que a la gente le vuelve loca la guerra, el uniforme y disfrazarse de mentira o de crimen. Hoy, a los niños no se les puede regalar juguetes bélicos, está muy feo, pero sus papás se visten de soldadesca armada y las mamás de cantineras agresivas. Juegan con fuego sin saber -o sabiéndolo- que las fiestas escopeteras también las carga el diablo. ¿Nadie les dice «papá, caca»?... ¿Cuánto tardaremos en hacer fiesta de la reconstrucción de nuestra Guerra Civil?... Ya puestos, estaría más animada. Hay supervivientes y aún tenemos el cerebro con espoleta retardada.

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