CORNADA DE LOBO
Zurracapote
MÁS que palabra, es palabrón de dos palabras y aquí comparece zurracapote con méritos sobrados para alzarse con alguna singularidad vistosa en nuestra vieja lengua y hablares. No es por escarbar en diccionario muerto buscando exotismos, cosa que se hace ahora, sino por averiguar el doloroso resacón que apareja la limonada antihebrea que se arrea por aquí el personal tomándola como jaculatoria penitencial. En el pilón de la limonada naufraga la serenidad del juicio... y de las tripas. Entra bien y sale horrible. Todos los años igual: no vuelvo a tomar más limonadas en mi vida. Ya. El próximo volveremos a encontrarnos en las andadas; y en las bebidas. La limonada es cada cual de su padre o de su madre fulana. No hay una igual a otra. No existe norma ni canon que establezca lo que es o debería. Esta es así y la otra es asá. Jose Quindós inventó la primera y única cata de limonadas y sólo son los gustos personales quienes ponen baremo o placet, porque de eso se trata en la limonada, de que cada cual explore sus averiguaciones o guarde su secreto heredado. Con el gazpacho, las migas o la paella ocurre otro tanto y hay discusiones eternas sobre si andaluz o manchego, si extremeñas o riojanas, si con marisco o sin él. No habrá jamás conciliación posible. Ni propiedad exclusiva, pues es el rodar de pueblo quien acompaña a la difusión de estos raptos cocineros. Con nuestra limonada, lo mismo. No sé por qué razón la soriana es una de las más afamadas; quizá porque manda la vecindad del zurracapote riojano y algo vasco. Pero el zurracapote también es manchego, como si fuera pisto de vino a cocer con azúcar, frutas y canela al canto, servido todo en lebrillo -que es nuestra ponchera de barro- y compartido en corro. Nadie, salvo el loco, hace limonada o zurra para bebérsela él solo. En peña es la única forma de discutirla: la limonada de mi abuela es la mejor... pues la mía la hervía primero... eso es manía berciana del fervudo; la limonada se macera, no se cuece... ¿de cuándo a acá?, el zurracapote también pasa por la chapa... anda allá... que no... que sí... Y no hay modo ni acuerdo. Y, así, el universo de limonadas, zurracapotes, sangrías, fervientes y ponches de vieja seguirán siendo un cosmos de individualidades, caprichos, genialidades, sabores... o puñaladas al vientre.