El paisanaje
Mileuristas
CONÓCESE por mileurista a un subproducto económico de la era Zapatero con sueldín de mil euros o menos, descontados jubilados y niños de teta, los primeros porque nunca los han visto juntos y los segundos porque ya traen bajo el brazo un cheque de 2.500 euros y no como los de mi quinta que, según nuestras madres, probrinas ellas, veníamos con un pan y gracias. La nueva especie de los milieuristas, antaño llamados obreros a secas, se divide en dos como todo quisqui que se precia, a saber macho y hembra, y tienen como denominador común lo siguiente: el chorlito curra para que coma la familia y la chorva para la hipoteca, pudiendo ser ambos de edad imprecisa, según Botín y el Pocero, pero no pueden criar mileurines porque lo joderían todo empezando por el presupuesto, con perdón. A esto le llaman los economistas del Gobierno contabilidad creativa, del clásico debe/haber en la familia, pero no hay. Estando de vacaciones saltó la noticia de que Zapatero prometió a los etarras, además de Navarra, la autodeterminación, ya va siendo hora de que se larguen, con su pan se lo coman y patatín y patatán, todo ello a mayores un sueldo de 1.500 euros mensuales durante diez años por cada uno que se reinserte en la sociedad. Ya le dije a un asturiano de Hunosa en la plaza de Cudillero: «nosotros, los cazurros, siempre lo hacemos a lo grande». Para cuando caiga en la cuenta de que en Cudillero ya no hay playa ni minas en Mieres habrá vuelto a ganar otra vez Zapatero las elecciones. En la historia de los partidos políticos de finales del siglo XIX para acá -y ya ha llovido, según el topillo más anciano que se me ha metido en la maceta- el sueldo a cuenta del Estado es la primera aspiración de los que se dedican a la política. O sea, de los impuestos. En tiempos de Cánovas y Sagasta eran proverbiales los trenes que entraban y salían de Madrid cada cuatro años cargados de funcionarios de confianza según ganaran las elecciones los conservadores o los liberales de la época. Más recientemente en ayuntamientos y autonomías los empleos políticos de toda la vida, por otro nombre enchufes, han ganado en estabilidad, de forma que el antiguo tracatrá del tren ha sido sustituido por capas arqueológicas de ingente gente que llegó allí no se sabe cómo y quedó inmovilizada en la nómina, tal como si les hubiera dado un paralís. Coja usted el listado y, tirando de parentescos, sale de ojo: éste de aquí parece de Morano, aquel de allá de Pelines, el otro por los trienios debe de ser tataranieto de Franco y aquí, el último, se conserva tan bien de fresco que está, porque es de la última hornada del PSOE, etcétera. Así todo seguido hasta el hombre de Atapuerca. Se sabía que ETA era una organización terrorista anclada en ideologías fósiles de cuando la guerra fría, como la momia de Fidel en Cuba, el bolivariano Chávez con su particular guerra de la independencia, con o sin España, como Simón contra Napoleón y el tal Hugo con Bush, y el indio Morales, que de rojo tiene los glóbulos del altiplano y lo demás son petrodólares. Carlos Marx profetizaba no en vano su revolución proletaria calculando que, llenada la panza, en Alemania y Rusia, lo más difícil ya estaba hecho: llegar al poder, cuando toda violencia proletaria cede su lugar al sosiego burgués y la condescendencia. Dicho de otra forma, los demás que arreen y hasta la próxima. Siguiendo esta lógica elemental, querido Watson, Zapatero ha debido de pensar lo que sigue: «coño, los hago a todos funcinarios como yo, ETA entierra el hacha de guerra, la serpiente a hibernar y la boina capada». Sentadas estas premisas y multiplicando por cinco de casa, yo mismo, la otra, la niña, el perro Canito y el loro Fari, sumamos que se puede sobrevivir muy bien con 7.500 euros. Echando la cuenta de la vieja del pacifismo que nos caracterizaba, a 1.500 euros por cabeza, decidimos por unanimidad cambiar de hogar armómico a comando de Eta «sobrevenido». Porque efectivamente, multiplicando por cinco los dichosos 1.500 euros se sobrevive muy bien: total un kilo de las viejas pesetinas para familias como las de Josu Ternera, Otegui o De Juana Chaos, que ya no tendrá coartadas para declararse en huelga de hambre. Antes en casa, de puro integrados, no matábamos ni una mosca y ahora, en cambio, es tal el cabreo que no se mueve ni una en la cocina. Después de las negociaciones con ETA estamos todos arrepentidos de nuestra vida pasada, pero a lo bravo, y precisamos reinsertarnos lo mismo que el guardia civil de la esquina, el cual tiene que hacer una derrama en multas entre el vecindario para llegar a 1.200 euros al mes persiguiento a Otegui, además de a la mafia rusa y a la Pantoja. Esto no es serio.