Diario de León
Publicado por
Antonio Núñez
León

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EN LA AMENA y fantasiosa novela de Julio Verne «Viaje al centro de la Tierra», escrita a mediados del siglo XIX, pero muy recomendable casi doscientos años después para chavales repetidores de la ESO y líderes no tan chicos del PP, se fabula sobre las posibilidades de sumergirse en un geiser o volcán de Islandia y, dando tumbos por el submundo, salir otra vez a flote en el Etna siciliano sin ni siquiera chamuscarse. En política sería como viajar de la Europa acaudalada y del estado del bienestar escandinavo a la Italia de la mafia y Berlusconi. Julio Verne también escribió «De la Tierra a la Luna», anticipándose otro siglo al astronauta gringo Neil Armstron, al ruso Yuri Gararin, que fue también el primero en darle una vuelta de tuerca al Planeta por la estratosfera sin resbalarse, y a la perra Laika, pionera de cuatro patas antes que ellos dos, cada uno en su sputnik, pero la perrina sin vuelta abajo. Ahora también «Hay un gallego en la Luna», como en la canción de los cantamañanas Zapato Veloz, adelantándose una década a Rajoy. A la luna de Valencia no se sabe, pero el viaje al centro reformista que propugna Mariano se parece bastante a las novelas de Verne, que, más que futurista, se han quedado en históricas desde la UCD. Debe decirse en su descargo que a Zapatero -los dos se criaron en León, aunque ninguno naciera aquí- le pasa lo mismo con la alianza de civilizaciones, el cambio climático, el talante de ETA o la supresión del paso a nivel del Crucero, si bien este último tenga el cielo despejado para otros cuatro años, lo mismo que las alcantarillas del Estado, como las llamaba Felipe González, que seguramente desemboquen lo mismo en el juicio del 11-M. Media España piensa así y la otra mitad se tapó las narices antes de votar al ganador de las ultimas elecciones. Hay quien se suena los mocos con papel higiénico. El viaje al centro de la tierra de nadie que ha iniciado Mariano pensando encontrar una mina de votos rejuvenece a no pocos. Lo intentó Adolfo Suárez en sus buenos tiempos, cuando tres generaciones estaban hartas de Franco, unas buscando salidas por la derecha y otras por la izquierda y cavando entre todas un agujero común que permitiera respirar y dar aire al país. Resultó ser la calle de enmedio y de ahí nació la Constitución, con sus reglas de juego y sus semáforos. Que el 23-F algunos quisieran saltárselos para romper la baraja -ojo, que quedan siempre dos mitades, como cuando el socialista Largo Caballero estaba de secretario de Estado con Primo de Rivera, el padre de José Antonio, el de la Falange- es otra historia que no merece la pena desenterrar en la memoria histórica. Lo del centrismo de la derecha y el talante de la izquierda da para disquisiciones metafísicas muy entretenidas para llenar páginas en los periódicos. Por un euro que vale este papel el lector no debe esperar más, porque siempre le saldrá diez veces más barato, eso como mínimo, envolver con esta página la pescadilla, usarla de toalla para las manos cuando llene el depósito del coche o limpiarse como usted ya sabe como hacían nuestros ancestros allá donde se pone el sol, la espalda pierde su honesto nombre y da el apretón de la hipoteca. El viaje al IBI, al recibo de la luz, al paro, a los convenios colectivos, al gasóleo, etcétera, más que centrista es extraterreste porque todos los precios han subido por las nubes mientras la clase política no deja de mirarse a su propio ombligo, y los más pispos son los llamados «barones del aparato», aunque algunos cuando echan barriga en el cargo se lo vean malamente. Se dice que en León quienes manejan el dichoso aparatico han adelantado a los compromisarios del congreso del PP que «todos tiesos» en favor de Mariano y nada de veleidades con la aristócrata Esperanza Aguirre. La consigna es, al parecer y según la presidenta del PP local, Isabel Carrasco, «para pendón, yo». Pero fuera de aquí tampoco le falta razón a la Aguirre cuando reta a Mariano en su pugna con él y otros barones regionales del partido a que le hagan lo que usted ya me entiende en la eterna copla. «¿De qué vale, señor conde/ el que yo tenga por dónde/ si usted no tiene con qué?». La del PP para ser una cama muy redonda con permiso del señor obispo, que, como gasta sotana, probablemente esté tan harto del PSOE como del PP, porque piensan que en él de arriba a abajo todo es bragueta. Y disculpe otra vez su eminencia reverendísima ahora que estamos con la «x» de la declaración de la renta. En León los del PP no sé si serán de centro-centro. Reformistas poco. Consta, eso sí, que todos viven en el centro y que no se han hecho reformas en los barrios fuera de ese ombligo de la ciudad. Para los demás es como el que tiene sed y se rasca la barriga.

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