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Vinos de museo en el Bierzo
Raúl Pérez Pereira, «artesano y artista», reúne en Ponferrada las elaboraciones de un universo vitivinícola particular que parece no tener fronteras territoriales ni límites emocionales
«Artesano y artista del vino», tal y como con muy buen criterio lo definió su amigo Ricardo Pérez Palacios en la apertura del acto, y fiel a la cita anual con su público, que va siendo legión, Raúl Pérez Pereira volvió a llevar al marco incomparable del Museo del Bierzo algunas de sus nuevas y más singulares elaboraciones en distintas latitudes de un universo vinícola particular que parece no tener fronteras territoriales ni límites emocionales. El joven enólogo berciano, integrante de la generación que ha elevado el mencía y el Bierzo al más alto reconocimiento internacional, vive sus días de vino y rosas demostrando una capacidad creativa inimaginable hasta ahora en la profesión y recogiendo, a través del reconocimiento del mercado y de la más cualificada crítica internacional, el premio a tanta dedicación, tanta intuición, tanta imaginación y tanta rebeldía. Los 98 puntos con que Robert Parker, primera autoridad mundial en la materia, calificó dos de sus vinos, con otros cinco por encima de los 93 -nunca un bierzo había pasado de 94-, revelan, efectivamente, que es el año de Raúl Pérez, pero sobre todo han acabado por convertirlo en un enólogo de culto, capaz de sacar de cualquier variedad de uva vinos que no cabían en la cabeza de nadie y que, sin embargo, llevaban tiempo madurando en la suya. En fin, la fiesta -no fue una cata al uso, sino una reunión de amigos, de muchos amigos- pasó por ser también un homenaje a su tía Rosario, «fuente de inspiración de todo lo que hago y origen de la fortaleza que me permite seguir creando», dijo, y de la que toma el nombre el moscatel que este año llegará al mercado. Pero antes los invitados pudieron catar sus Ultreia -mencía del Bierzo-, El Pecado - mencía de Ribeira Sacra-, Sketch -albariño de mar de Rías Baixas-, Pricum -rosado prieto picudo de Tierra de León-, algunas elaboraciones de las otras denominaciones de origen gallegas y, como grandes novedades, los blanco (albarín) y tinto (mencín, verdín y carrasquín) con los que ensaya en Asturias, concretamente en Cangas de Narcea. En sus reflexiones en voz baja dejó intuir cuáles son sus planes, que desde hace tiempo pasan por elaborar en otros puntos del país ( El Resbalón será su vino de Cebreros, Ávila) y, sobre todo en el otro hemisferio del planeta, en concreto en Argentina y, ya a más corto plazo, probablemente a lo largo del próximo año, en Sudáfrica. Podrá hacer realidad entonces una idea a la que lleva mucho tiempo limándole aristas: un tinto a partir de pinot noir. Será, intuye, su vino. El vino de su vida.