Gente de aquí | Mozas con xeitu
Endiablado ritmo panderetero
La fiesta viaja con Gritsanda a golpe de pandereta y pandeiru cuadráu: son diez chicas que han sabido recuperar la percusión leonesa con resultados asombrosos y muy, muy divertidos
Siempre fueron la viga maestra de la fiesta en León. En unos pueblos podía haber gaitero, en otros tamboritero, en otros acordeonista... y en muchos otros, ni una perra gorda para pagarlos. Pero en todos, siempre, estaban las pandereteras con ese aire rápido e incansable que enlanzaba sin cesar jotas, titos y bailes chanos y que las hacía famosas en comarcas enteras. Las más experimentadas iban enseñando a las más jóvenes y así fueron surgieron pueblos míticos en el arte de la pandereta, como Benllera o Casares de Arbas. Ahora, un grupo de chicas jóvenes -cuando se reúnen todas llegan a la decena- ha querido recuperar ese aire de baile y de fiesta, lleno de energía y fuerza vibrante, arcaica y ancestral. Se hacen llamar con el sonoro nombre de Gritsanda, que es como se conoce en Laciana y Babia a las losas escalonadas que fijan el cuelmo a los tejados de la casa tradicional. Soraya, Mónica, Analís, Patricia, Cristina, Susana, Raquel, Jana, Sara y Cristina Viñuela participan en esta aventura que les está deparando, además de una valoración llena de respeto y admiración por la cultura autóctona, muchos viajes por nuestra geografía festiva y, ante todo, mucha diversión. Han tocado junto a grupos como Medulia Folk, Pandetrave o Tarna, también en festivales, romerías y pasacalles, y hasta ofrecieron un taller para niños en el mismo Musac. Y han compartido desde escenarios urbanos a portaladas y calechos en pueblos como Barrios de Luna aprendiendo de las que más saben: las mujeres de nuestras aldeas. Algunas de ellas comenzaron a aprender pandereta en la Escuela de Formación Tradicional de León y a las demás «nos daba envidia», asegura Cristina Viñuela. Y así fueron hilvanando aprendizajes, conciertos y ensayos hasta alcanzar su actual seña de identidad: un endiablado ritmo que lo mismo aviva alegrías dormidas en ojos ancianos que hace saltar a un público joven y amante del folk renovado. La jota de Mora de Luna, los titos de Sopeña y los chanos omañeses son algunos de sus temas preferidos: lo que más les sorprende, «la cantidad de matices que tienen estos instrumentos y sus muchas posibilidades». Estas chicas de Matueca, de Santiago de las Villas, de La Flecha de Torío, de Villaestrigo y de muchos otros sitios lo tienen claro: «El folclore de León no es sólo la Jota de Boñar -reflexiona Cristina Viñuela-. Se pueden adaptar y modificar al gusto moderno cientos de piezas. Para nosotras, es algo emocionante volver a dar vida a todas estas canciones».