| Reportaje | Haciendo memoria |
Europa hace un millón de años
En el viejo continente, el hombre vivía en cuevas, comía carroña y era presa de los grandes felinos. Así lo muestra la nueva exposición del Museo Arqueológico de Catalunya

En aquel entonces, los hombres apenas cazaban y tampoco habían descubierto el fuego
barcelona
Hipopótamos y rinocerontes gigantes, leones de dientes de sable, bisontes, osos, elefantes, licaones, cebras, hienas, antílopes...
La Europa de hace un millón de años se parecía más a la sabana africana de nuestros días que al viejo continente actual. «El clima era más cálido, había mucha más humedad y la superficie estaba llena de lagos y lagunas», señala Lluís Batista, comisario de la exposición Europa hace un millón de años , que puede verse hasta el 14 de junio en el Museo Arqueológico de Cataluña, en Barcelona.
¿Y el hombre, cómo vivía? El Homo Antecesor de la época era un actor secundario en el salvaje ecosistema reinante. El león de interminables colmillos ocupaba la cúspide de la cadena alimentaria y era la especie dominante en la Europa del Pleistoceno inferior. El hombre, en cambio, pintaba más bien poco. «Su papel en la naturaleza era más de presa que de depredador», añade Batista.
Vivían en cuevas, eran carroñeros, iban completamente desnudos y practicaban el canibalismo. Además eran algo más bajitos que ahora (en torno a 1,60 metros de altura media) y su tasa de mortalidad era especialmente alta entre los 10 y los 18 años. «Esa etapa de la vida era la más difícil, porque suponía el tránsito de la edad infantil a la adulta, que es cuando debían dejar el grupo para establecerse por su cuenta», afirma el comisario de la muestra.
Sin demasiada habilidad
Además, señala que estos hombres apenas cazaban, ya que no eran capaces de construirse herramientas complejas y tampoco habían descubierto el fuego. Es por ello, relata Batista, que cada noche «sufrían auténticas matanzas en las cuevas». «Los grandes depredadores eran conscientes de su superioridad física y atacaban a los hombres cuando dormían». Y sus posibilidades de defensa, añade, se limitaban al lanzamiento de piedras, algún palo y las propias manos, lo que convertía su día a día en una auténtica lucha por la supervivencia.
El hombre de entonces, contemporáneo a los descubiertos en los yacimientos de Atapuerca, Guadix, Tarragona y Banyoles, tampoco estaba capacitado para hablar. «Hasta hace medio millón de años el humano no adquiere la fisonomía propia para poder articular un lenguaje», según Batista, y su diálogo «se limitaba a unos gestos y sonidos más parecidos al mono que al hombre».
Endogamia
Respecto a su hábitat, vivían en pequeños grupos de 15 personas, donde por supuesto la endogamia era muy alta. «Los distintos asentamientos estaban muy dispersos, alrededor de los 15-20 kilómetros entre unos y otros», apunta Batista. «Se trata de un momento interglacial, como el actual, por lo que el clima es cálido en toda Europa», afirma. «En el norte hacía menos calor, pero no había las diferencias climatológicas actuales entre el norte y el sur europeo», apostilla.
«Tampoco en la Península Ibérica». «Los primeros homínidos llegaron a la Europa meridional hace un millón y medio de años, estableciéndose en un entorno variado, compuesto de prados, zonas de bosque, y compartiendo el espacio vital con salvajes depredadores, que hace 800.000 años empezaron a extinguirse.
«Algunos migraron y otros fueron sustituidos por otros procedentes de Oriente Medio y de la parte occidental de Asia, y también de África», explica Lluís Batista. En el caso del rey de la selva de entonces, el león de los enormes colmillos, su desaparición tuvo que ver, según Batista, con la llegada de otros felinos, los leones actuales, que les fueron invadiendo y comiendo el terreno.