A CADA DÍA SU AFÁN | JOSÉ-ROMÁN FLECHA ANDRÉS
La noticia bomba
EL DÍA 29 de abril de este año 2009 la Universidad Pontificia de Salamanca ha concedido el doctorado «honoris causa» al Padre Federico Lombardi. Este jesuita italiano buen escritor y publicista es el director de la Radio Vaticana. También del Centro Televisivo Vaticano. Y de la Sala de Prensa de la Santa Sede. Es fácil verlo cerca del Papa cuando éste viaja a un país o al otro.
En su discurso de agradecimiento por el honor universitario recibido, el Padre Lombardi impartió una excelente lección de ética de la comunicación y la información. Su análisis del modo cómo se fabrica «la noticia bomba» -“el «scoop»- fue francamente brillante. En un mundo donde se entrecruzan miles de noticias y millones de palabras, los medios de comunicación buscan como sea una noticia que pueda acaparar la atención. A veces tergiversando los hechos u opinando sobre ellos para manipular la opinión pública.
El Padre Lombardi mencionó a Indro Montanelli, premio Príncipe de Asturias. Aquel famoso escritor invitaba a los periodistas a saber reaccionar frente a las tentaciones del sensacionalismo fácil y de la servidumbre a los dictados del poder. Para él esos «atajos» eran los senderos preferidos de los borricos. O de las ovejas.
Su experiencia es interesante en estas lides. El Padre Lombardi no tuvo empacho en recordar tres momentos complicados de su servicio a la Santa Sede. Los tres han estado marcados por interpretaciones apresuradas de otras tantas actuaciones papales.
El primero fue el escándalo montado con motivo del discurso pronunciado por Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, que se interpretó inmediatamente como una ofensa a los musulmanes. El segundo, la remisión de la excomunión a los obispos lefebvrianos y especialmente a Williamson, conocido por negar el holocausto judío a manos de los nazis. Y el tercero, las declaraciones del Papa sobre el preservativo y el sida en el avión que le llevaba a Camerún y Angola.
En los tres casos, a la virulencia de los ataques inmediatos ha seguido la explicación vaticana y un repensamiento universal que ha dado excelentes frutos. En el primer caso, ha originado un diálogo más profundo que nunca entre la Iglesia Católica y la comunidad musulmana. En el segundo se ha aclarado y estrechado la relación entre la Santa Sede y el pueblo judío. En el tercero, se han roto los fáciles mitos de una prevención que no se preocupa de modificar las actitudes humanas ante el amor y la sexualidad.
La Iglesia ha nacido de la palabra y no teme a la palabra ni a la noticia. Pero sabe que el evangelio de Cristo siempre será contradictorio para el mundo. El director de los centros de información del Vaticano oyó un día a Juan Pablo II proclamar bendita a la televisión. La comunicación ha de llevar a la comunión entre las gentes. Por eso sueña con el día en que las más modernas tecnologías puedan favorecer el encuentro entre las personas y los pueblos.