Diario de León

CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO

Planes y panes

Pedro García Trapiello

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CADA vez que voy al valle de Sabero a soltar una homilía en la semana cultural de Olleros, veo con algún desconsuelo que en la tierra natal de mi madre las cosas cangrejean, reculan, late alguna maldición... y los horizontes se velan o estrechan entre montañas furacadas que encarcelan el optimismo. Como todas las montañas que no supieron ocultar su tesoro negro, se desangra el padrón de habitantes desde que el sueño se tornó pesadilla y cierre. La despoblación rural es aquí puñalada doble y sus pueblos tienen la melancolía de haber sido lugares prietos de gentes y con algarabía de guajes mientras el carbón salió a espuertas y el jornal entró en casa enterrando guadañas o cerrando cuadras. Flota cierta pesadumbre incluso en tardes de primavera con sol al bies.

Sin embargo, sus gentes están ávidas por achusmar una salida, un vuelco de las profecías; y desean oír. Por eso llenan aquel salón de actos en unas jornadas culturales que son como la segunda iglesia de Manuel Fresno, el cura que organiza, mueve y agita para que el cuerpo social aquel no se tumbe al socaire de sus males. Y allí van todos, aunque sean esa horas de «prime time» en la teleparroquia nacional. Me admiran su interés y su esperanza.

En estas ocasiones siempre comentamos que serán difíciles o improbables las soluciones globales a los problemas de la montaña leonesa, hoy deconstruída como una tortilla falsaria de restaurante pijo. No habrá planes milagrosos ni el cuerno de la fortuna sonará convocando manos entre aquellas peñas. Pero los que le echen ingenio, ilusión y trabajo encontrarán siempre salidas. Les recuerdo siempre el truco de Wilhem Reich para una vida plena: amor, conocimiento y trabajo. Quien no tenga luces y, además, ganas de trabajar, cangrejeará.

Para salir de la hura quizá haya que meterse en ella, como han hecho unos saberenses que desde hace ocho años crían setas en una mina abandonada; las veréis por ahí y en el Corte, así que hacéis el favor de comprarlas, mirad la etiqueta; detrás está una fe una labor marcando salidas a este valle, lo mismo que otras inicitivas de quienes hacen morcillas de primor (flipa, con pan, y no repiten) o reposterías de tradición y sustancia. En fin, no creo en los planes, pero si en las gentes con plan. Aquí las hay y sus planes se hacen panes.

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