Diario de León
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León

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Y boca abajo. Sobre el nicho de la Monroe duerme su sueño eterno un tal Poncher. Esa sepultura de estantería se la compró a Joe DiMaggio cuando este se divorció de Marilyn. Jamás pensó Poncher que moriría la actriz antes que él. Marilyn ¿se suicidaría? ocho años después. Él murió veinticuatro años más tarde. Y se fue a su nicho advirtiendo a su mujer que si no le enterraban boca abajo (así se procedió), se le aparecería toda su vida. Y en esta posición de decúbito prono lleva el tío la tira soñando sin llegar a tocar a la contigua Marilyn que vive muerta en el piso de abajo de esas tumbas adosadas del cementerio de Los Ángeles... qué tortura, qué modo de castigarse a perpetuidad con la maldición del tampax, la de estar en el mejor sitio, pero en el peor momento. Sólo le resta confiar en el día de la resurrección de los muertos para ser el primero en verla, saludarla y, quién sabe, establecer lazos en ese momento que ha de ser desconcertante, aunque no es probable que tenga opción, porque allí se presentarán todos los que amó y los que se la tiraron por la Cara Blanca exhibiendo antigüedad y derechos de prenda. Son unos cuantos.

Pues ni eso; que no lo sueñe Poncher. Su viuda anda escurrida de faltriquera y ha decidido trasladar al difunto y sacar a la venta el nicho por medio millón de dólares... hala, Poncher, ¡a rascar!...

Pobre muerto. Cuando le trasladen querrá pensar otra cosa de la resurrección para consolarse, incluso la negará asegurando que es patraña de judíos de fe ciega y cristianos de fe tuerta... que no, que no se resucita, insistirá el tipo, que todo se reduce a polvo... y el polvo a nada... menos ahora, con la que está soplando.

Durante todo este tiempo se las vino prometiendo con ver un día en cueros a Marilyn... porque se resucita desnudo ¿no?, se preguntaba, ¿o es que resucita también la ropa que vistió al muerto?... no, imposible, desnuditos venimos al mundo y en pelotas se entra en el Cielo... pues vaya, ¿de verdad?...

A Poncher lo llevarán a otra tumba, otra fosa, otro nicho y quizá le toque de vecina una gorda de Beberly Hills. Uy... que se prepare su viuda vendedora. Se le aparecerá, como profetizó, y la atormentará... se lo merece.

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