Diario de León
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Cada día su afán José-Román Flecha Andrés

La llaman generalmente la píldora del día después. Había comenzado a comercializarse en España el año 2001. Ahora ha saltado de nuevo a la información. De hecho, a finales de septiembre de este año 2009 se ha puesto a la venta en las farmacias la píldora postcoital. Lo novedoso es que no se requiere una receta médica para obtenerla y que puede ser vendida a cualquier muchacha que haya cumplido los 16 años.

Los comentarios orales o escritos han girado sobre unos cuantos interrogantes. He aquí los más habituales: ¿Es correcto que sean las farmacias las que distribuyan este fármaco, cuando no son el lugar apropiado para una atención personalizada e integral? ¿Es deseable que se distribuya esta píldora sin receta médica y sin tener en cuenta las circunstancias de salud que confluyen en la persona que la solicita? ¿No vulneran las autoridades el derecho y el deber de los médicos para controlar la salud pública y prescribir los remedios oportunos? ¿No se olvida y hasta se impide el derecho de los farmacéuticos a hacer objeción de conciencia y negarse a vender esta píldora?

Las respuestas a estas preguntas se ve mediatizada por las convicciones personales de quien opina. Muchos descalifican la opinión contraria como ideologizada, sin admitir que también la opinión propia está influida por una ideología.

De todas formas, junto a estas preguntas habituales, se agazapan otras numerosas cuestiones que suelen pasar inadvertidas. Basta escuchar las voces que se alzan a nuestro alrededor para observar algunas incongruencias como éstas:

Generalmente se ignora la importancia de una educación integral de la sexualidad. Ésta debería incluir los valores del amor fiel y de la fecundidad responsable.

Se oculta que el levonorgestrel, que es el principio activo de la píldora, favorece un aborto precoz. Al impedir la implantación del óvulo ya fecundado en el endometrio que habría de recibirlo corta la línea de una nueva vida.

Se trata de frenar los abortos. Pero se olvida que el aborto provocado por la píldora no se diferencia sustancialmente del aborto provocado por medios «quirúrgicos».

Se aconseja la píldora postcoital. Pero no se recuerdan las contraindicaciones que desaconsejan el su uso indiscriminado.

Se insiste en el disparate que supone facilitar la píldora a una adolescente sin contar con el permiso de sus padres. Pero no se afronta directamente el disparate que supone destruir la vida de su propio hijo.

No se habla de los derechos del padre de la nueva criatura. Por medio de la píldora puede ser privado de su paternidad sin contar con su parecer.

No se medita en el drama de la mujer que decide tomar la píldora. Una vez más la mujer es dejada en soledad para cargar con una tremenda decisión de la que no es la única responsable

Mientras subsistan estas incongruencias, muchos dramas personales quedarán sin el consuelo de una verdadera y afectuosa solidaridad.

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