«Ver la tele sube el colesterol»: el leonés Leo Harlem ridiculiza las terapias modernas contra el estrés
En su charla para Leo Talks, Leo Harlem da un repaso mordaz a las terapias de relajación que prometen calma pero generan más estrés del que alivian

Leo Harlem combina cine, televisión y monólogos con su estilo inconfundible de crítica social y humor directo.
Vivimos obsesionados con la idea de relajarnos, pero lo hacemos con tal nivel de ansiedad que terminamos más tensos que al principio. Así lo denuncia Leo Harlem en una de sus intervenciones para 'Leo Talks', donde combina humor, crítica social y una claridad demoledora: «El estrés está acabando con nosotros. Es la enfermedad del siglo XXI».
El humorista arranca desde lo más cotidiano: la sobreinformación y el caos mental. Con ironía señala: «Recibía menos información la KGB en plena Guerra Fría que un pastor de Soria un lunes cualquiera», subrayando cómo los móviles han multiplicado nuestro nivel de agobio diario. La hiperconectividad, lejos de ayudarnos, nos aplasta.
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El estrés según Leo Harlem: el problema y su absurdo tratamiento
En su recorrido por las terapias que supuestamente ayudan a desconectar, Harlem dispara sin filtros: «Incluso las cosas que creemos que nos ayudan a relajarnos hacen lo contrario». Su crítica más llamativa, sin duda, va para la televisión, una herramienta de ocio convertida en generadora de cortisol: «Ver la televisión incrementa el estrés y la irritación, lo cual aumenta de manera alarmante la producción de colesterol», según cita de su IA colaboradora, Chari. Él remata con su sello inconfundible: «¿Habéis oído que ver la tele sube el colesterol? Y yo como un tonto desayunando avena». En su estilo, redobla la burla: «Que me lo hubieran dicho antes, que vuelvo a los churros y me quito de Ana Rosa Quintana».
Los spas tampoco escapan de su análisis. Desde el baño con paredes de cristal que desvela intimidades incómodas («Digo, una pared. Muchas gracias») hasta las experiencias más extremas como el pediluvio o las piscinas de contraste, su conclusión es tajante: «Me he desestresado bastante… Suficiente».
Y cuando todo parecía insuperable, llega el momento cumbre del monólogo: el masaje tailandés Tok Sen. Lo define así: «En eso consiste el Tok Sen, en aporrearte la columna con un martillo y un cincel chato». Y advierte que allí puede llamarse terapia alternativa, pero «aquí está tipificado en el Código Penal como homicidio imprudente».
La desconexión no se escapa tampoco del absurdo turístico. En los cruceros nudistas, Harlem ironiza: «Imagínate que os encontráis a vuestro panadero. A ver cómo vuelves a pedirle el pan después de haberle visto la chapata». Todo se convierte en una cadena de estímulos que, en lugar de relajar, tensionan.
La verdadera terapia, según Leo Harlem
El mensaje final no podría ser más claro, ni más sabio, aunque venga envuelto en risa: «Mi consejo para combatir el estrés: no estresarse». La receta está en aprender a relativizar y recuperar esos momentos que, sin pretensión, aportan paz: «Cuando os entre el agobio, respirad un momento y pensad en esos momentos que nos dan tanta paz… como el chisporroteo del pollo en el asador».
Y si todo lo demás falla, «si eso no os funciona, pues siempre nos queda el Tranquimazín y el anís del mono».