Chicote redescubre un plato tradicional de Castilla y León a la parrilla sin parrilla: «huele que flipas»
El chef madrileño muestra, entre humo y sarmientos, cómo el fuego puro y la técnica ancestral pueden transformar una receta icónica sin tocarla con metal

Chicote observa una robata de Castilla y León: pinchos de lechazo asándose sin contacto con el metal, solo al calor de las brasas.
«Lo más importante es lo que huele, que flipas.» Así resume Alberto Chicote su primera impresión ante una cocción sin rejilla, sin herramientas visibles, solo fuego, sarmientos y carne. Lo que tiene delante, le explican, es una «parrilla sin parrilla», o como él mismo añade, «una robata, pero de aquí».
La escena, publicada en Youtube por @elcaminodelfuego, transcurre en plena oscuridad, iluminada por los faros de un coche y el resplandor de las brasas. En medio, pinchos de lechazo de Castilla y León, uno de los productos más emblemáticos de la cocina regional, asándose al amor de la lumbre, sin contacto directo con parrilla ni estructura metálica alguna.
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Pinchos de lechazo: tradición reinterpretada sin artificios
El lechazo, protegido por su Indicación Geográfica Protegida, es uno de los tesoros gastronómicos de Castilla y León. Pero aquí no lo vemos en su forma clásica al horno, sino en una versión más directa, más salvaje y, en palabras del youtuber que acompaña a Chicote, «mucho más ligera de comer, fácil de morder, jugoso». La grasa se disuelve con el calor del sarmiento, el humo perfuma la carne y el resultado final es un bocado de pureza brutal.
Aunque visualmente le recuerda a Chicote a la robata japonesa, esta técnica de asado sobre sarmientos forma parte de la tradición rural castellana, especialmente en la preparación de pinchos de lechazo, muy presentes en fiestas populares y encuentros gastronómicos de la región.
No hay fuego directo sobre la carne, ni sartenes, ni hornos, ni tecnologías. Solo brasas y una intuición precisa que decide cuándo girar, cuándo acercar o cuándo dejar reposar. Chicote lo observa en silencio, y cuando habla, lo resume con una sola palabra: «perfecto».
La ausencia de contacto con hierro transforma la textura, aligera el resultado y da protagonismo al sabor puro del lechazo. Como dice el youtuber, es «un matrimonio perfecto» entre la técnica y el producto.