¿Le llamas y no viene?
¿Tu perro viene a la primera cuando le llamas? Si no lo hace, hay que conseguirlo. Las palabras «quieto», ven» y «aquí» pueden salvarle la vida. Aquí tienes algunas estrategias para lograr que te obedezca. Y ninguna pasa por enfadarte con él, gritar su nombre o reñirle

¿Le llamas y no te obedece? ¿Le silbas y no viene? ¿Le sigues y echa a correr? ¿Te desespera? Pues lo peor que debes hacer es enfadarte. La impotencia y la rabia no sirven de nada. Y te perjudican en tu objetivo. Si sabe que le vas a reñir, no vendrá. Y tú también lo sabes.
«Ven» o «aquí» son dos comandos fundamentales. Es más que obediencia. Junto a «quieto», son órdenes fundamentales que pueden salvar la vida a tu perro. Su aprendizaje es muy importante. Pero no todos los perros obedecen.
Conseguirlo no es imposible, pero requiere entrenamiento y paciencia. Y empezar desde cachorro. O desde que llegue a casa, si es adoptado. Si no lo ha aprendido puede deberse a su inmadurez, a que no sabe qué le pides, que asocia la palabra con algo negativo quizá porque sabe que le vas a regañar, que está muy distraído, que el premio que le ofreces no le gusta o al menos no lo suficiente, que aún no ha establecido un fuerte vínculo contigo o que el tono de voz suena a enojado.

Entrenadores y etólogos coinciden en algunas estrategias para lograr la obediencia del perro. Recomiendan empezar el trabajo en casa, un lugar seguro en el que no hay los estímulos de la calle o de una zona de esparcimiento canino. La palabra «ven» debe sonar suave y con u tono alegre, nada de enfados aunque tarde en hacer caso a la llamada. Asociar el comando a algo que le guste mucho, una chuche, su alimento preferidos (salchicha, queso mantequilla, por ejemplo, en pequeñas cantidades) o un juguete especial para él. Esa recompensa puede sustituirse posteriormente por una caricia o una felicitación, pro no conviene apresurarse a cambiar la chuche por una palmadita. En cambio, sí se puede apoyar la recompensa con una muestra clara de entusiasmo, que sea inequívoca de la alegría que produce que se acerque, quizá repitiendo siempre las mismas palabras, como «muy bien», «buen perro»... algo que identifique como positivo.
Conviene introducir distracciones de una manera gradual e ir aumentado la dificultad. Cuando el perro obedezca ya en casa, hay que salir a la calle para ensayarlo. Allí va a encontrar otros estímulos que le harán distraerse. Se recomienda utilizar inicialmente una correa larga para estar más seguro y poder corregir al perros de manera suave, tirando de él y acercándole si no responde a la llamada.
Hay que evitar que asocie el entrenamiento con algo negativo. Nunca se debe reñir al perro si no viene o si lo hace tarde. Lo mejor es no mostrar ninguna emoción, permanecer en un estado neutro.
Y, quizá, uno de las recomendaciones más importantes junto con la de no regañar al perro: no repetir nunca la llamada si no responde. En ese caso, hay que ir al lugar donde está a buscarlo. Repetir la palabra varias veces debilita la orden.
Gritar su nombre continuamente también es contraproducente. Es mejor utilizar una llamada que él identifique con su dueño. Quizá un silbido, una palmada, un clic o el sonido de un silbato. Siempre debe ser el mismo.
Los entrenadores recomiendan el uso de silbatos específicos para perros. Destacan que son los mejores para una comunicación a larga distancia y envían una señal clara que los perros pueden oir y entender bien. En el mercado hay multitud de silbatos, desde los ultrasónicos a los silenciosos, cada uno para entrenamientos diferentes.
Es sólo un método para ayudar al perro a comprender la orden. Y se debe combinar con otra señal para el caso de que el silbato se pierda o lo dejes olvidado en casa.
Y una estrategia más: cuando el perro venga hacia ti, gírate y camina en sentido contrario. Que sea él el que te siga y no tú a él.
El éxito está en tres claves: constancia, paciencia y refuerzo positivo.