Diario de León

El 40% quiere dormir mejor, pero solo el 32% hace esto para conseguirlo

El sueño se ha convertido en uno de los grandes objetivos de bienestar en 2026, según PwC, mientras los wearables y las aplicaciones de salud ganan terreno y abren una pregunta inevitable: ¿medir cómo dormimos sirve realmente para descansar mejor?

Dormir mejor es uno de los principales objetivos de salud para cuatro de cada diez consumidores, aunque solo el 32% asegura monitorizar su sueño y actuar frecuentemente para mejorarlo, según PwC.

Dormir mejor es uno de los principales objetivos de salud para cuatro de cada diez consumidores, aunque solo el 32% asegura monitorizar su sueño y actuar frecuentemente para mejorarlo, según PwC.Unsplash

Patricia de la Torre
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Dormir ocho horas, despertarse descansado y dejar de mirar el techo a las tres de la madrugada se ha convertido en una aspiración casi tan repetida como comer mejor o hacer más ejercicio. Sin embargo, entre querer dormir mejor y hacer algo de forma constante para conseguirlo existe una brecha considerable. La encuesta global Voice of the Consumer 2026 de PwC revela que el 40% de los consumidores sitúa mejorar el sueño entre sus principales objetivos de salud, mientras que solo el 32% asegura monitorizarlo y tomar medidas frecuentemente para mejorarlo.

El dato adquiere todavía más importancia cuando se observa cómo valoramos nuestro descanso. Según la investigación de PwC, únicamente el 56% de los encuestados califica su sueño actual como bueno o excelente.

La encuesta fue realizada entre febrero y marzo de 2026 a 21.808 consumidores mayores de 18 años de 27 países y territorios, entre ellos España. Los porcentajes corresponden al conjunto internacional y, por tanto, no deben interpretarse como cifras específicas de la población española.

Aun con esa cautela, el estudio dibuja una tendencia clara: el sueño ha dejado de ser simplemente el momento en el que termina el día para convertirse en un objetivo de bienestar que queremos optimizar.

Es la misma transformación que ya se ha producido con la alimentación, el ejercicio o el estrés. Cada vez queremos saber más sobre nuestro cuerpo, entender qué hacemos bien y descubrir qué podemos cambiar.

Pero saber que queremos descansar mejor no significa necesariamente actuar para conseguirlo.

Hay otro porcentaje de la investigación que ayuda a entender el momento actual: el 80% de los consumidores utiliza una aplicación o un wearable para al menos una actividad relacionada con la salud y el bienestar.

Relojes inteligentes, pulseras de actividad y anillos conectados han trasladado al dormitorio métricas que hace unos años estaban prácticamente reservadas a contextos médicos. Tiempo total de sueño, frecuencia cardiaca, despertares, regularidad, recuperación o estimaciones de las diferentes fases aparecen cada mañana en una pantalla.

La cuestión ya no es únicamente si podemos medir nuestro descanso. La pregunta verdaderamente interesante es si disponer de más datos consigue que durmamos mejor.

Medir el sueño con un wearable no equivale necesariamente a dormir mejor

Ahí aparece una de las contradicciones más interesantes que deja la encuesta de PwC. La tecnología de salud está extraordinariamente extendida, pero solo un 32% afirma monitorizar frecuentemente su sueño y actuar para mejorarlo.

Mirar una puntuación al despertarse puede proporcionar información sobre determinadas tendencias, pero el dato por sí mismo no modifica aquello que ocurre durante la noche.

PwC apunta precisamente hacia un mercado en el que los dispositivos dejan de limitarse a recopilar información y empiezan a combinarse con recomendaciones, seguimiento, aplicaciones, inteligencia artificial, programas de cambio de comportamiento o servicios personalizados.

Porque dormir mejor no empieza necesariamente al ponerse un reloj en la cama.

Dormir mejor puede convertirse también en otra fuente de presión

La obsesión por cuantificar nuestra vida tiene una paradoja evidente. Un dispositivo pensado para ayudarnos a descansar puede terminar consiguiendo que lo primero que hagamos cada mañana sea comprobar si hemos dormido "bien" según un algoritmo.

Y ahí conviene distinguir entre información útil y diagnóstico. Los dispositivos de consumo pueden servir para observar tendencias personales, pero sus mediciones no sustituyen una valoración médica cuando existen problemas persistentes de sueño.

El reto está en utilizar esa información como herramienta y no convertir cada noche en un examen.

Dormir mejor empieza por algo más sencillo que consultar una puntuación

El estudio de PwC no demuestra que quienes monitorizan su sueño duerman mejor ni establece una relación causal entre utilizar wearables y mejorar el descanso. Lo que identifica es una brecha entre intención y comportamiento: muchas personas quieren mejorar su sueño, pero son menos las que aseguran medirlo y actuar frecuentemente sobre él.

Esa diferencia resulta especialmente reveladora en un momento en el que tenemos más información sobre nuestro cuerpo que nunca.

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