| Reportaje | Natación para bebés |
Divertido y saludable
Padres de distintos puntos de la provincia acuden a la piscina pública de Navatejera para que sus bebés disfruten de los beneficios físicos y afectivos de las actividades acuáticas

La técnica de la inmersión suele durar unos cinco segundos
A partir de los seis meses los bebés pueden disfrutar y adquirir hábitos para dominar el agua, que se convierte en un instrumento de enriquecimiento básico. Nuria Carnero es monitora de natación desde el año 1989 y lleva tres años ayudando a los bebés a desarrollar sus estímulos en la piscina de la Junta Vecinal de Navatejera, la única pública de la provincia de León que ofrece a los lactantes, desde los seis meses de vida, cursos de natación o matronatación. Un total de 32 bebés acuden varias veces por semana a estas clases, acompañados por sus padres o incluso, en algunos casos, por sus abuelos. «Lo más importante es llevar al niño antes de que cumpla un año. A esa edad, el bebé no conoce el miedo al agua y el objetivo es que no llegue a conocerlo nunca», asegura Nuria Carnero que durante la primavera y el verano ve cómo aumenta el número de familias que apuntan a sus hijos a esta actividad. «Con el buen tiempo vienen alrededor de cincuenta niños». A esta piscina adaptada para los bebés acuden madres de otros lugares de la provincia. Los grupos no superan los ocho niños, que, acompañados de sus padres o madres, aprenden a disfrutar de los beneficios que aporta la natación a los bebés. El bebé que aún no camina encuentra en el agua la posibilidad de moverse tridimensionalmente, siendo mucho mayor la libertad de movimientos. A muy temprana edad empiezan a tener nociones de desplazamiento y distancia, lo que desarrolla su capacidad psicomotora. Siempre con la presencia de la madre o la monitora, el bebé aprende a desarrollar sus habilidades vitales de supervivencia, se siente más seguro, mejora y fortalece la relación afectiva y cognitiva con sus padres, aumenta su coeficiente intelectual y, además, fortalece su sistema inmunológico y cardiorrespiratorio. Con todas estas ventajas cada vez son más los padres que se apuntan a esta alternativa de ocio para sus bebés, siempre con la garantía de unas instalaciones apropiadas a las necesidades de los niños. La natación para bebés no está pensada para que los pequeños aprendan a nadar, «esto no es posible hasta que el niño no es posible con tan corta edad. «Un bebé entrenado se vuelve cuidadoso con el agua y sabe perfectamente cuáles son sus limitaciones», asegura Carnero, que advierte que nunca hay que presionar al niño para que se meta en el agua y la rechaza. «Las pautas del ritmo de aprendizaje las marca el bebé, esto es algo que no hay que olvidar nunca». Los bebés aprenden con técnicas sencillas. Los gestos de las manos y la cara de los padres o monitora les ayuda a repetir por imitación. Al principio los padres no sueltan al bebé de las axilas para poco a poco, con otros sistemas de flotación, van alejándose cada vez más del cuerpo de la madre ya adquieren independencia. La monitora trabaja con ellos la flotación, la propulsión y el reflejo de apnea, que el bebé pierde a partir de los nueve meses. «Este reflejo sirve para la inmersión, que no suele durar unos cinco segundos, sólo los bebés bien entrenados son capaces de aguantar un poco más».