domingo 23/1/22

Desde la Plataforma contra la violencia machista de León, decimos que la lucha por vivir en una sociedad sin violencia sigue siendo necesaria, prioritaria, urgente, vital. Desde el año 2005 nos concentramos cada lunes cuando una mujer ha sido asesinada. Y no hemos dejado de hacerlo. Los asesinatos no han cesado. 1.118 desde que empezaron a contabilizarse en 2003.

El machismo es una ideología patriarcal y las mujeres somos víctimas de esta ideología que ejerce violencia y terror sobre nosotras, una violencia que tiene en los asesinatos de mujeres la punta del iceberg, pero se construye día a día con el control y el sometiemieno, la discriminación política y laboral y todas las violencias que a lo largo de su vida sufren las mujeres por el hecho de serlo.

La mutilación genital femenina, los matrimonios forzados, los crímenes de honor, la violación como arma de guerra, la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, la violencia psicológica y física y el acoso sexual y ciberacoso son muestras de la gravedad de la situación.

Para erradicarla es fundamental hacer políticas de prevención, sensibilización y detección, que englobe la violencia contra las mujeres de forma integral, en todas sus formas de manifestación y atendiendo a su origen estructural.

En España en 2021 son 70 las mujeres asesinadas por hombres. 37 asesinatos han sido cometidos por parejas o exparejas. Los demás lo son por parte de otros hombres conocidos o desconocidos. El Gobierno ha anunciado que el 1 de enero empezará a contabilizar como violencia machista los feminicidios fuera de la pareja.

Hay un incremento continuado del uso del servicio telefónico y de telelocalización para la atención y protección de las víctimas durante los últimos años (más del 6%). Cada día en León un hombre es condenado por violencia de género y se reciben 3 denuncias al día en los juzgados de León por violencia machista. Hay un delito contra la libertad sexual cada 5 días en León. Estos son solo algunos ejemplos de la realidad.

Constituimos la estadística de violencia más elevada, pero la más insignificante para las instituciones, para los medios y para la sociedad en general.

Más del 10% de las adolescentes españolas han sido insultadas o ridiculizadas por su pareja, han sufrido un control abusivo, han sido aisladas de sus amistades o presionadas para realizar actividades sexuales que no querían practicar.

El último balance de criminalidad presentado por el Ministerio del Interior este mes refleja un llamativo y preocupante incremento de las agresiones sexuales. Se produce una violación a una mujer cada 8 horas, 955 en lo que llevamos de año.

Siempre ha habido violaciones, pero ahora enfrentamos un nuevo paradigma con características propias, con un alarmante incremento de la violencia sexual entre los chicos menores y en concreto de las conductas realizadas en grupo, con el uso de sustancias químicas que anulan la voluntad de las jóvenes.

Muy grave nos parece también el consumo de la pornografía a través de las redes desde tempranas edades, donde se representa a la mujer como objeto, cosificada y sometida, en escenas brutales y violentas donde el mensaje es convertir a la mujer en receptora de violencia, en proveedoras de placer masculino, en mercancía. El porno no es ficción, crea realidad, y a falta de una buena educación sexual y afectiva, los y las adolescentes creen que las relaciones sexuales deben ser lo que ven en la pantalla. La pornografía es la pedagogía de la prostitución y la violación.,

Estamos hartas de la falta de compromiso de las instituciones, de que no se cumplan las leyes, del sistema judicial patriarcal, de que cuando una mujer denuncie termine siendo ella la juzgada (es el único delito en el que el foco se pone sobre la víctima), hartas del negacionismo creciente por parte de la ultraderecha.

Esta estrategia negacionista, que abandera la ultraderecha, lanza mensajes de culpabilización de las víctimas y justificación de las agresiones. de los que se hacen eco algunas instituciones y algunos medios y luego se incrementa en un 40% el porcentaje de chicos jóvenes que se sienten legitimados para afirmar que la violencia de género es un «invento ideológico» (Centro Reina Sofía, 2021). No podemos dejar que la ultraderecha nos haga retroceder en derechos que tantos años ha costado conseguir.

Estamos hartas de que las mujeres no puedan abortar en hospitales públicos y sean acosadas en el centro al que son derivadas. Hartas de la mala práxis obstétrica. Hartas del impago de pensiones alimenticias en caso de separación o divorcio. Hartas de la violencia vicaria donde se usa al menor para hacer daño a la madre.

Y hartas, muy hartas, del sistema prostitucional. Las mujeres no somos objetos ni mercancía. Urge la ley para la abolición de la prostitución, pues sin prostitución no hay trata.

Hartas de la explotación reproductiva y su normalización. Nos parece que la explotación sexual, la reproductiva y la pornografía suponen una mercantilización de las mujeres. No aceptamos que la prostitución sea un trabajo, que la gestación subrogada sea una opción legítima para crear una familia o que la pornografía sea la educación sexual que reciban jóvenes y menores.

Queremos utilizar el hartazgo como una estrategia de resistencia colectiva. Para mover conciencias y provocar movilizaciones masivas. Volver a politizar la violencia, ponerla en el centro de la alarma social.

Queremos y necesitamos una sociedad libre de violencia, donde vivir y relacionarnos con justicia e igualdad.

25-N. Hartas de la violencia machista
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