La espuma y los asuntos
D espués del estropicio demoscópico, que insistió en prolongar su broma con las encuestas a pie de urna, sin atender que cada cual miente como le viene en gana, estos días finales de junio rematan con el debate anual sobre el estado de la Comunidad en las Cortes de Castilla y León. Un foro del que tenemos derecho a esperar atención a nuestros problemas y preocupaciones, después de seis meses entregados al volandero mercadillo electoral. Aunque se ha discutido la idoneidad de la fecha, por el riesgo de verse afectado el debate con la resaca de las urnas, prefiero pensar que su convocatoria actuará de reclamo para devolver a los procuradores y gobernantes a sus asuntos, que son los nuestros.
Porque la agitación de las campañas electorales conduce a excesos de excursionismo no sólo de los candidatos, sino también de sus representantes políticos. Y no resulta ejemplar ni siquiera admisible sorprender a un delegado de la Junta repartiendo abrazos y propaganda partidaria en día y horas de labor. Porque las elecciones autonómicas ya se celebraron en mayo hizo un año. No son reparos de tiquismiquis, sino criterios de respeto y entendimiento. Para no liar churras con merinas. Que es lo que acaba de hacer la banca Ceiss mezclando el inmediato cierre de otro medio centenar de sus oficinas de atención al público con el saldo de su descansadero de ejecutivos de la calle Marqués de Villamagna, entre Serrano y la Castellana. Las desmesuras de la campaña, donde todo parece valer y no hay cortapisas a los excesos, empujan a los gestores de lo que fue Caja España Duero, luego bancarizado con el acrónimo Ceiss, a poner en circulación inmobiliaria uno de sus consulados en Madrid, donde tienen varios más. En el mismo barrio de Salamanca, la sede que fue de Caja España, en la esquina de Velázquez con Jorge Juan, lleva años arrumbada sin comprador. Pero no se quedan a la intemperie en la capital, donde la herencia de nuestras cajas dejó otro edificio postinero en la calle Titán, por entrevías, junto a la M-30.
Todos estos enredos, que en algún caso tienen hasta ramificación judicial, serían alpiste opinativo, si no hubieran colocado como contrapeso moral el cierre de medio centenar más de oficinas, en su mayoría rurales. Oficinas que se identifican como España Duero y no con el tonto acrónimo Ceiss (Caja España, Salamanca y Soria). Menos mal que el ocurrente bautista de la liquidación englobó las cuatro provincias de Caja España y no adosó a la sigla bancaria las iniciales de León, Zamora, Valladolid y Palencia.
El debate sobre el Estado de la Comunidad ocupará el miércoles completo y la mañana del jueves en dar curso a la comunicación presidencial, a las intervenciones de los seis portavoces con sus réplicas y a la defensa y votación del centenar y medio de propuestas de resolución, donde se recoge el diagnóstico de los diferentes grupos sobre los problemas más acuciantes de la Comunidad. Estos debates los estrenó Demetrio Madrid hace treinta años, se los saltaron Posada y Aznar, los practicó Lucas un par de veces y los ha reiterado Herrera siempre que no es año electoral autonómico: hasta en once ocasiones.
El anterior, correspondiente a 2014, se hizo eco del malestar de los indignados, cuyos representantes acababan de acceder al parlamento europeo, atribuyendo su prosperidad electoral al descuido por los partidos tradicionales de las preocupaciones de la gente. Habrá minería en la cámara y auxilio lácteo y requerimientos de financiación. Un menú variado y ojalá con acuerdos que integre las propuestas de resolución.