Deberes estivales
E l lento discurrir de las comparecencias cajeras, en la comisión parlamentaria que escruta las grietas de aquella ruina, prosigue entre momentos de pasmo y rebotes de indignación. A la deposición de José Ignacio Lagartos y Rosa Valdeón sucedieron las no menos astringentes de Vicente Ruiz Mencía y de Julio Formoso, presidentes de Caja Círculo y Caja Salamanca. Lo que no acaba de salir es el pronunciamiento de la Audiencia leonesa sobre el sobreseimiento dictado por el sobrevenido Muñiz Tejerina en el caso del consejo de Caja España, investigado por la financiación temeraria a su presidente Santos Llamas. Si le diéramos al retraso la interpretación pesimista deducible del precedente navarro, ya sería hora de golpear el tambor de las alarmas. Pero la única pista disponible por el momento es la ampliación al mes de julio de la actividad parlamentaria, acaso para que recapaciten los prófugos y comparezcan ante Mitadiel tanto Llamas como Arribas, además de Herrera y Óscar López, convocados a la comisión por su responsabilidad política en el fiasco.
No es la única grieta de una primavera agobiada por el declive demográfico, cuyo impacto nos alcanza en su grado más voraz, mientras las estadísticas registran un aumento del 76 %, a velocidad de disparo, de los millonarios aprovechados de la crisis, que se asienta en la creciente desigualdad. Para incendiar el resquemor generalizado ante este tipo de alarmas estadísticas, Funcas, la fundación de las Cajas de Ahorros que gestiona sus obras sociales supervivientes, nos endosa que el fraude de la economía sumergida que no tributa en España supone una merma del 23% de la recaudación, equivalente al 6% del PIB nacional. Estamos hablando de un agujero de setenta mil millones cada año, que afecta a los servicios públicos y también a nuestra capacidad como país para afrontar un sistema digno de pensiones. Esta rumia tenaz de los recursos públicos nos hace más precarios, aunque con el orgullo de ver cómo aumentan impunemente y sin disimulo en nuestro entorno los millonarios: a un ritmo y con unos capitales superiores a la media europea y mundial. Para que la concurrencia lo celebre con mueca conejil.
Si ya a partir de 2015 las estadísticas pusieron de relieve que tenemos un balance vegetativo declinante como país, con más funerales que bautizos, la solución no puede ser de ningún modo soltar otra Edelmira Barreira al ruedo. Porque aquella comisionada frente al reto demográfico y la despoblación de Rajoy estuvo dieciocho meses cobrando una nómina de 105.000 euros con sus extras, sin llegar a ofrecer ni una sola propuesta de remedio. Ninguna estrategia. Y este agujero vital nos corroe principalmente desde Soria a León, pasando por la raya con Portugal. Tenemos que ser muy conscientes de la gravedad del problema y aplicar medidas eficaces, que faciliten la emancipación de los jóvenes, sacándolos de la incertidumbre y precariedad que ahora asfixian su proyecto de vida. Con empleo estable y garantías laborales, medidas de conciliación y un tratamiento generoso de la paternidad, extremando la vigilancia severa en la persecución del fraude. No podemos seguir ofreciendo a los chavales el modelo de campeones del trampeo y la chapuza. Ni desvariar con ocurrencias ventajistas pero inútiles, que acaban en despilfarro, como aquella disparatada del cheque bebé que puso en marcha nuestro Zapatero. Pero sobre todo, lo que no se puede es seguir como si no tuviéramos el problema, jaleando ocurrencias y sin hacer absolutamente nada para remediar el drama. Porque por ahí vamos muy malamente.