FORO ETCHEVERRÍA SOBRE ECONOMÍA LEONESA. EL SECTOR AGROALIMENTARIO
«Hay que poner en valor la inversión en modernizar la agroalimentación»
El sector defiende un modelo en el que los productores tengan mayor capacidad de decidir sobre su futuro.

El primer Foro Etcheverría sobre Perspectivas de la Economía Leonesa debatió el futuro del sector agroalimentario de la mano de profesionales de distintas actividades agroalimentarias.
El sector primario es de nuevo estratégico para la economía leonesa. No sólo eso, cada vez tendrá más peso y su potencialidad apenas empieza a rentabilizarse. Modernización de los sistemas de explotación y producción van de la mano de renovados profesionales que apuestan por la calidad, la comercialización y las nuevas figuras de prestigio de los productos. Pero también por una defensa de los intereses de los productores frente al histórico abandono de tierras y explotaciones, y también frente a los intereses de quienes únicamente ostentan la propiedad de unas tierras en las que ven poco más que especulación. La revolución silenciosa del campo leonés da ya esperanzadores frutos, y ahora levanta la voz para exigir compromiso y responsabilidad. El futuro de León está hoy en buena parte donde guarda su pasado: en el campo. En una renovada agroalimentación por la que apuestan las nuevas generaciones.
El análisis del momento actual, pero sobre todo de los retos y las potencialidades futuras, fue el objeto del I Foro Etcheverría sobre Perspectivas de la Economía Leonesa, organizado por Banco Etcheverría. Un debate de ideas, realidades y proyectos entre quienes desde distintos vectores convergen en el interés común de un sector agroalimentario que se refuerza desde las tierras y explotaciones, pero exige una puesta en valor en la que el apoyo de las administraciones públicas es vital. Está llegando, como llegan nuevos profesionales al campo, con la intención de quedarse. Pero queda mucho camino por recorrer. Asentado en un pasado que aporta el sello de lo «artesanal», el futuro de la agroalimentación se sostiene en la gestión, la innovación, la profesionalización y la sostenibilidad.
Los procesos de concentración parcelaria y de inversión en regadíos han centrado en los últimos años, y queda camino por recorrer, el camino de la modernización de las explotaciones en el sur de León. Procesos que llevan ya décadas, y que están lejos de concluir, a pesar de las inversiones millonarias. «Todo eso hay que ponerlo en valor», apuntan responsables públicos y productores. Más aún, hay que convencer a los propietarios de que ese es el camino del futuro, muy lejos del ancestral minifundismo leonés y de un abandono del sector que lastra gran parte de las iniciativas inversoras a medio plazo.
Con todo, entre épocas de bonanza de ladrillos y tecnologías y crisis generalizadas, el campo leonés ha vivido una intensa catarsis desde el inicio del nuevo siglo. Poco más de una década en la que, de manera casi silenciosa, o al menos entre el estruendo de proyectos cortoplacistas y especuladores, se han puesto las bases del que está llamado de nuevo a ser sector estratégico en la economía provincial. Ya lo es: agricultura y ganadería, y sus productos transformados, asientan buena parte de la exportación leonesa, y también de los productos cuya demanda sigue una senda ascendente muy diferente a la de otros sectores locales.
En el debate organizado por Banco Etcheverría se pusieron de manifiesto también las principales trabas para el desarrollo adecuado del sector. «Muchos propietarios no viven del campo, y se niegan a cualquier desembolso que se exija, aunque sea para poner en valor sus tierras y garantizar su futuro».
Un mal endémico en el campo leonés, que pone de nuevo sobre la mesa la disyuntiva entre propiedad y trabajadores. Hasta el punto que los sindicatos agrarios reclaman «una discriminación positiva» en favor de los productores a la hora de tomar decisiones sobre cómo asumir las inversiones en el sector.
Mientras tanto nuevas generaciones de agroganaderos se asientan en el campo leonés, y apuestan por las innovaciones que traen mayores rendimientos a las explotaciones y por las figuras de garantía y promoción de los productos autóctonos; junto con una nueva filosofía de generar riqueza en las zonas donde se asientan y poner en práctica un modelo sostenible de colaboración y explotaciones.