El acceso norte a la capital lleva finalizado tres años y cerrado a 16.000 vehículos
A los problemas de la mini rotonda, la cesión y los defectos se suma el cambio de gobierno y las dudas sobre el convenio

El vial que sobrepasa las vías del ferrocarril en San Andrés del Rabanedo a la altura del Hospital de San Juan de Dios cumple tres años cerrado tras una inversión de 2,6 millones de euros. ¿Hay culpables? Siempre los hay, pero pocas veces se encuentran. Pero en este caso es blanco y en botella porque sólo hay dos partes implicadas: el Ayuntamiento y Adif. Hay que recordar que el proyecto se retrasó con la llegada de la pandemia del covid, que lamentablemente paralizó ésta y otras muchas obras. Después, cuando el proyecto es retomado, una de las rotondas ya construidas se concibió pequeña y se negoció hasta la extenuación para finalmente hacerla desaparecer. A continuación, Adif generó otro problema al no poder ceder el vial a San Andrés por un asunto burocrático de expropiaciones, para el que hubo que buscar una fórmula demanial. Con la tirantez lógica entre políticos y administrador ferroviario, llegan las elecciones y el cambio de partido ha dejado en el limbo este proyecto que lleva parado tres años y con los vecinos de todo un barrio sobresaturados; también de tráfico.
El gafe persigue al vial de San Juan de Dios, que sigue cerrado a cal y canto desde que hace tres años concluyeron sus obras tras una inyección económica de 2,6 millones de euros. San Andrés del Rabanedo y el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) llevan enredados en quién, cuándo y cómo se abre un paso que enlaza la avenida de San Ignacio de Loyola con La Pontona y la avenida de Azorín y que ahorraría un rodeo al 75% del tráfico que ahora continúa por Pinilla.
El flamante puente sobre las vías, que extiende un tablero de 13,9 metros de anchura para cobijar dos carriles , continúa huérfano de apertura y de subsanación de errores por parte de Adif. También le faltan luz y taquígrafos para oficializar el convenio de cesión al municipio que permita por fin que una marea de 16.000 vehículos lo usen a diario.
El gafe comenzó con la irrupción del coronavirus, que dilató el arranque de la obra; prosiguió con la explicación quijotesca de que no se abría porque la rotonda más cercana al Ayuntamiento no daba «la talla» para distribuir con seguridad la circulación y que, según las últimas gestiones, quedará aplastada bajo unos nuevos carriles; y continuó con un encaje de bolillos administrativo para salvar el escollo de la transferencia porque Adif se había encargado de la obra, pero también de las expropiaciones.
Y llegó el 28-M...
A la lista de retrasos se sumó la salida del PSOE y la entrada de UPL, que aún debe hablar con Adif
El galimatías burocrático se podía subsanar con una «mutación demanial» del paso, según el segundo borrador del convenio, que fijaba en 75 años la cesión a San Andrés del puente con las dos calzadas actuales (primera fase), y una vez que se ejecutaran los otros dos carriles en un futuro, la cesión se convertiría en «indefinida». El documento especificaba la obra para añadir esos dos carriles extra con una estructura de hormigón armado y tres vanos con luces que aprovecharían los estribos preparados en la primera fase con un presupuesto de 1,88 millones.
Tras esos múltiples retrasos, todo parecía que iba sobre ruedas para abrirse el pasado mes de mayo , pero llegaron las elecciones y el vuelco en el sillón de mando de San Andrés, que desplazó al PSOE y colocó a UPL ha vuelto a revolver los plazos. Es más, la nueva Corporación leonesista pone en duda la oficialidad del borrador y fía a una próxima reunión con Adif, que carece aún de fecha, el ver, tocar y probar la bondad de lo escrito para aceptar los 800 metros del vial y el puente. Un puente que posee «flecos», según detalló la Policía Local de San Andrés en un informe, en la señalización, el corte abrupto del carril-bici contra una valla metálica a un metro del suelo y el peligroso paso en la presa del Bernesga.