Diario de León


Una familia destrozada por el bullying: «Vendimos la casa y hasta pensamos irnos de León»

La madre de una alumna que sufrió acoso escolar durante cinco años relata cómo afectó a la familia: se han mudado y la pequeña ha cambiado de colegio para empezar casi de cero una nueva vida

Toda la familia se ha visto afectada por el acoso sufrido por la hija mayor.

Toda la familia se ha visto afectada por el acoso sufrido por la hija mayor.virginia morán

Abigail Calvo
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León

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El bullying, el acoso escolar, está a la orden día. Niños que sufren las consecuencias de otros niños. Pero el acoso no se queda en el colegio, también afecta a las familias. Tanto, que una familia entera, después de cambiar de colegio a su pequeña, que había sido víctima del desprecio y las burlas de sus compañeros desde primero de Primaria hasta quinto, decidió incluso vender su casa y mudarse, cambiar su vida e iniciar una nueva etapa para dejar atrás todo el dolor sufrido durante cinco años.

La madre, a la que llamaremos Ana, ha escrito un relato contando el calvario que ha afectado a los cuatro miembros de su familia, un calvario que ahora parece haber terminado después de que a su hija le hayan hecho un diagnóstico y la hayan cambiado de colegio, donde parece haber comenzado una nueva vida, «con amigas, más tranquila, con extraescolares...», como una niña de 10 años. Pero no todo está superado, aún quedan heridas por cerrar. «A veces, se me encoge aún el pecho cuando vemos a alguien. Sé que esa inseguridad se la puedo transmitir a mi hija, trasladarle mis miedos, pero es así», relata Ana, un nombre ficticio para que en ningún caso se identifique a la niña, para que no se sepa en qué colegio ha estado y en cuál está ahora, para que la nueva vida sea desde cero.

«Desde mi ventana veía el patio del colegio, veía cómo trataban a mi hija y que yo no podía hacer nada. Cuando ya pudimos cambiarla de colegio, decidimos vender nuestra casa, buscar otro sitio», relata esta madre que cuenta que, por fin, su hija duerme por las noches, «está más tranquila» y sonríe. Pero fueron años de pedir informes, de hablar con otras familias, de buscar alternativas, de pedir apoyos porque en su colegio focalizaban todos los problemas en la «falta de madurez» y alegaban que todo pasaría. Pero no fue así.

¿Qué podíamos hacer?

Fueron cinco años de sufrimiento. «No contamos ni con el apoyo del colegio ni de las otras familias». «Llegamos incluso a plantearnos irnos de León. ¿Qué podíamos hacer? ¿No sabíamos qué hacer? Teníamos miedo a cambiar, me hicieron ver que la culpa era de mi hija. Al final vendimos la casa», comenta esta madre que arrastra también las consecuencias del bullying porque las compañeras de clase «se dedicaron a burlarse de ella» durante cinco años y la pequeña «no quería ir al colegio porque no tenía amigas». Una vez, «una compañera la agarró por los brazos y la puso contra la pared, golpeándola en la cabeza», «la acorralaban en el recreo para vocearla y decirle que no querían jugar con ella». La niña siempre se planteaba «qué hacía mal» y ha sufrido dolores de barriga y problemas de sueño. «Como madre me encuentraba rota, desesperada y sin saber qué podía hacer para proteger a mi hija y garantizar su bienestar emocional y su derecho a una escolarización segura y digna», comenta.

Pese a todas las llamadas, los avisos, las conversaciones... desde el colegio no se actuó. La familia tuvo que hacerlo por su cuenta yendo a psicólogos y a médicos que finalmente han concretado que tiene un TDAH subtipo hiperactivo y un Trastorno del Espectro Autista de nivel 1, «lo que conlleva dificultades para comprender indirectas y dobles sentidos, para saber cuándo debe frenar determinadas conductas o una clara carencia de habilidades sociales». Pero más allá de todo eso, la pequeña «presenta ansiedad» y «una fobia escolar de base ansiosa» como consecuencia de lo sufrido en el primer colegio, en el que había estado desde Infantil, desde que tenía 3 años.

Ahora, con el diagnóstico hecho se actúa en consecuencia. Se atiende de forma correcta a la niña y todo su entorno ha mejorado. Pero al final, como ocurre en gran parte de los casos de acoso, la víctima es la que se ha ido. «Cambiar de colegio, por qué. Por qué no se va el que hace las cosas mal; al final cuando la víctima se va se le da la razón al sistema, porque nosotros hemos huido y el resto se queda», lamenta la madre.

La familia tiene otro hijo que también ha tenido que cambiarse de centro educativo. Durante la conversación con Ana surgen de forma constante palabras como «desesperación», «impotencia» o «angustia», porque todo era «un agujero, yo no me he permitido caer en una depresión por ella, por ella». Porque por un hijo se hace de todo, incluso cambiar de vida. «Lo hemos pasado todos muy mal, nos ha afectado como pareja, nos hemos centrado más en nuestra hija mayor, pensabamos todo el tiempo qué podíamos, qué le estará pasando ahora en el colegio...», comenta, en relación a que el acoso escolar ha absorbido la vida de todos los miembros de la familia de una forma u otra.

Hablar, hablar y hablar

«Hay que hablar con nuestros hijos, todos los días, cuando salen del colegio, en esos pocos minutos, es cuando mejor te puedes enterar de lo que les ha sucedido, es cuando se puede conocer qué les ha pasado. No se puede dejar pasar nada», recomienda esta madre que ha sufrido durante años cómo se trataba a su hija.

Ella aún está «alerta», pendiente de lo que pueda ocurrir, porque «el miedo no se pasa». Pero su hija avanza. Es una niña dicharachera, muy habladora y cariñosa que ha vuelto a encender su luz después de que durante los últimos años se hubiera debilitado.

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