Diario de León

La León-Braganza ya tiene radar

El despliegue de nuevos medidores de velocidad avanza por carreteras en mal estado

Uno de los nuevos radares, en la C-623

Uno de los nuevos radares, en la C-623RAMIRO

Publicado por
L. Urdiales
León

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En algún momento se produjo el sorpasso; la inversión en seguridad vial se limita en el área de revocar baches y se dispara en el despliegue de radares de velocidad. La tónica domina con amplitud la red viaria de la provincia leonesa, también en vías convencionales, sin necesidad de que figuren en la red principal, que es casi todo el asfalto de carreteras que competen al Gobierno central. No siempre. La ola de nuevos sistemas, la nueva generación de radares que motea las carreteras leonesas, ha encontrado ubicación en calzadas de la segunda línea, aunque con los aforos por encima de un umbral que empuja a la rentabilidad a la instalación. Afloran en la C-623, en la LE-311; en la C-622, donde convive con una de las expectativas de movilidad a la que aspira León en los últimos mientras choca con la realidad de las voluntades políticas. La ansiada León-Braganza ya cuenta en el preludio con un radar fijo, en medio de esa vía a la que aspira a relevar la conexión internacional de León con el Tras os montes lusos que en plena provincia marca el curso de la carretera 622, que conecta la capital leonesa con Santa María del Páramo y desde la capital paramesa, a La Bañeza. En ese kilómetro 30 opera desde las últimas semanas del invierno uno de los postes que colaboran con los parámetros de seguridad vial de forma paralela que la tarea del asfaltado y la reparación de firme. Con una sutileza desmesurada, porque capta tráfico en uno de los tramos más deteriorados de este vial que, aparte de arrojar intensidades medias de tráfico tan altas o más que algunos tramos de nacionales pendientes de desdoblar en autovía, consolida uno de los trazados claves para cohesionar el territorio entre vías y nodos arteriales de alta capacidad; diagonales de la sexta a la confluencia del suroeste de la capital leonesa, clave también para explicar la inercia del desarrollo logístico pendiente entre León y el norte de Portugal y el noroeste español. Así estaba escrito en las previsiones de la movilidad del tráfico y transporte por carretera que alumbró planes para enclavamientos industriales en León en ese triángulo, que se abre desde las plataformas de Onzonilla, la A-66 y la autovía del noroeste. Cuando ocurra la León-Braganza se puede medir el servicio que el pionero radar de la C-622 le ha aportado a la fluidez ordenada del tráfico en este vial, donde convive con brechas y quiebras notables, baches profundos, que ya han llevado a exigir en ámbitos políticos la dotación presupuestaria para enmendar los defectos. Los nuevos radares de León se muestran con un uniforme que confunde al usuario, al que ofrecen con perspectiva un perfil de antena de vanguardia, en el que las alas de placas solares simulan una función de conexión interestelar a la vez que nutren de energía al dispositivo que inmortaliza la grabación; de repente, la foto. La silueta se repite en casi todos los escenarios en los que han ganado espacio, donde emergieron como un elemento más de la señalización vertical, antes de convertirse en máquinas punitivas en plena convivencia con los baches. Los usuarios han comenzado a analizar el fenómeno en términos de economía comparada; lo que cuesta un aparato con pantalla fotovoltaica que tiene pinta de receptor satelital y lo que vale un metro cúbico de aglomerado para sortear el peligro que se ofrece en zigzag. En algunos trechos de las carreteras leonesas amparadas por radares de tramo, el reto es superar el límite permitido a 90 por hora entre señales que aconsejan no superar los 50 por hora ante el riesgo de dejar el sispeta de suspensión en uno de los hoyos que hay por delante. Fue en un momento entre conversaciones indistintas de los responsables de tráfico cuando se determinó que para garantizar la seguridad vial en León era mejor colocar radares que corregir el traqueteo de los baches. Ya pasó con los cruces peligrosos: se rebaja el límite de velocidad, pero no se corrige.

Los nuevos radares en León conviven con la urgencia de asfalto en las carreteras que vigilanLos controles de velocidad se abren paso en viales convencionales que no están la red principal

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