LA PAPONA DE ACERA
Juntos, ¿o hay que pedir milagro?

El Cristo del Gran Poder, la talla titular de la Cofradía del Gran Poder de León.
Qué bueno sería no tener que pedir por este milagro, que las plegarias quedaran para otras urgencias y penares, que además de predicar dierais trigo, que no parezca esto más difícil que lo del ojo de la aguja. Qué bueno sería que en vez de hablar tanto guardarais el silencio que tanto exigís a los otros papones, a los de acera. Qué bueno sería que les tuvierais a ellos el respeto que reclamáis para vosotros. Sí, qué bueno sería que en vez de 16 fuerais uno, que en vez de 15 de espaldas y uno a su aire fuerais juntos.
Dejadnos descansar de esta pugna por quién fue antes, el primero, el mejor, el único. Quién es propietario de la esencia, la pureza, la tradición. Quién el auténtico y quién una copia. Blanco o negro. Nuevo o no.
Y no digáis que hay hermandad sólo porque os intercambiáis las estampitas para acudir a la procesión, os ponéis (no todos, que sabemos contar) en la presidencia del cortejo que, oh, va al final, o mandáis las bandas a marcar el paso a otras cofradías.
Qué bueno sería para la ciudad que pujarais juntos. Que hicierais el milagro y no se lo pidierais a los demás. Y que os reconocierais. En lo que sois, en lo que aportáis, en el esfuerzo que hacéis. Todos. Se lo debéis a vuestros papones y paponas, a los braceros y braceras, a los hermanos y hermanas de fila, que son los que ponen en la calle la Semana Santa. Por si alguien lo ha olvidado. Ah, y también a las manolas.
Podéis pensar en ello cuando vayáis hoy a cara descubierta con la Borriquilla y cimbreéis las palmas. Mejor aún, podéis reflexionar cuando esta tarde os bajéis por primera vez el capillo y vayáis a acompañar a los del Gran Poder, los más jóvenes y creciendo, a los que llevan la Virgen de los Reyes, la del Pozo, los Apóstoles o el Despojado, los que fieles al tiempo litúrgico, no procesionan crucificados porque no es aún Viernes Santo, los que han confiado en Melchor Gutiérrez hasta para colocar las flores y que todo cobre sentido.
O con los de la Redención, que han recuperado del olvido las horquetas y con ellas el sonido de las procesiones de antaño, golpeando la calle a cada paso, anunciando que están en las calles tres magníficas tallas, el Ecce Homo de la Roldana, el Cristo de Juan de Anchieta y la Divina Gracia de Antonio José Martínez, que es posible aunar lo que tiene siglos de historia con lo que no tiene edad.
O cuando calléis hoy con los del Silencio para escuchar la plegaria que traen desde la Sobarriba los herederos de la Hermandad que reivindicó derechos y dignidad, la que trae pan de hogaza y el rezo ancestral ‘Dainos Señor buena muerte, por tu santísima muerte’ mientras los braceros del Cristo de Carmona sobrecogen a la ciudad, que es procesión de sencillez y capas pardas.
Qué bueno sería que nos dejarais creer en vuestra fe.

