Diario de León

Urraca I, la más grande historia jamás contada

A ritmo de acontecimientos únicos, el reinado de Urraca I de León supuso una serie de cambios protagonizados por la reina soberana, una emperatriz que supo sobreponerse a las trabas surgidas tanto entre enemigos como propios

Espectacular entrada al Museo de León para ver la exposición.

Espectacular entrada al Museo de León para ver la exposición.ANGELOPEZ

Pacho Rodríguez
León

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La exposición Reina Ella, Urraca I, para la que la Consejería de la Presidencia destina 300.000 euros a través de la Fundación para los Valores y la Identidad de Castilla y León, para impulsar la conmemoración del centenario de la muerte de la reina leonesa, supone una mirada hacia la historia y la vida de una persona, pero sirve de conocimiento de un contexto y hechos históricos que de alguna forma marcan el devenir de toda una época. Por eso, la exposición en el Museo de León determina dividida en secciones la importancia de los acontecimientos y sirve para entender las diferentes manifestaciones de desarrollo histórico del reino. Por ejemplo, se cuenta que el reino de León que gobernó Urraca I (1080-1126) fue un primordial espacio de creación artística donde se produjeron obras de extremada sofisticación estética y conceptual. La propia reina, heredera de la sensibilidad promotora de las mujeres de su linaje, reforzó su autoridad con el patronazgo de obras suntuarias y edificios.

Es decir, la historia que aparece en los libros dejó un legado real en forma de tesoros artísticos, dispersos por los museos del mundo, algunos de los cuales vuelven ahora a León en esta iniciativa única.

De igual forma, Urraca I es una figura extraordinaria en nuestra historia. Primogénita de Alfonso VI y Constanza, fue casada en 1093 con Raimundo de Borgoña. Enviudó en 1107, cuando ya era madre de Sancha y del futuro Alfonso VII. El rey, antes de fallecer en Toledo (†1109), determinó que reinara ella, hecho que pudo suceder en León, donde sucesivas mujeres de su familia desempeñaron tareas de gobierno. Reinaría ella, pero tanto obispos como aristócratas le exigieron que compartiera su trono con un varón y así Urraca contrajo matrimonio en 1109 con Alfonso I.

Se hace ahora hincapié de cómo la historia contada posteriormente intentó ningunear a la reina Urraca, desde el ignorarla a achacarla la culpabilidad de los males de su tiempo, como si fuera la única artífice o protagonista. De hecho, la violencia marital y los desacuerdos llevaron a su ruptura en 1111 con Alfonso I de Aragón.

Pero queda refrendado ahora que fue la primera mujer de la Europa latina medieval que gobernó por derecho propio, no como consorte ni regente, sino con plena conciencia de soberanía, irrenunciable salvaguarda de su poder y una certera habilidad política, relacionándose y buscando alianzas en Europa.

Urraca I fue consciente del poder de la imagen y construyó una inédita iconografía de su autoridad, en monedas y documentos, intitulándose Totius Hispanie Regina e Imperatrix, términos nunca utilizados. Reina Ella reivindica su realidad.

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