Diario de León

jugando con el ADN

El investigador leonés Jesús Méndez ultima. en el Idibell el proyecto de tratamientos diferenciados para cánceres de pulmón. E volución, herencia, determinismo, selección natural,... ¿Qué está en la genética y qué la supera? El entorno y el modo de vida influyen en las mutaciones genéticas individuales y de un colectivo, pero ¿se heredan? ¿Por cuántas generaciones? Y más importante: ¿pueden sus pistas permitirnos prevenir y curar enfermedades?

Jesús Méndez, en una reciente visita a León. Abajo, células tumorales observadas mediante microscopía de inmunofluorescencia.

Jesús Méndez, en una reciente visita a León. Abajo, células tumorales observadas mediante microscopía de inmunofluorescencia.

María Jesús Muñiz Prieto
León

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¿Por qué algunos tumores de pulmón, todos ellos muy agresivos, responden a un tipo de tratamiento y otros no? ¿Puede «adelantarse» la evolución que tendrá determinado tipo de cáncer para aplicar un tratamiento que en otros casos resultaría inútil? ¿Cómo «leer» en los genes y sus mutaciones qué va a pasar, qué va a resultar efectivo y cuáles serán las opciones nulas o perjudiciales? ¿Pueden determinadas drogas (fármacos) actuar puntual y selectivamente sobre las células alteradas que causan la enfermedad, salvando a las sanas?

La revolución genética del estudio del ADN ha dado paso a la revisión (de momento con tantos matices como preguntas por responder, y por tanto por investigar) que desde hace apenas una década se abre paso con la epigenética. En lenguaje científico, los cambios en los genes que no suponen modificaciones en la secuencia del ADN, pero que pueden ser heredables. Y que han abierto un número de interrogantes que no perdona, como tiene que ser científicamente hablando, a las certidumbres anteriores. «La ciencia es frágil. Y absolutamente permeable».

Lo explica Jesús Méndez, un joven investigador leonés que ha dedicado sus esfuerzos de la beca Río Hortega a investigar en el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge, Idibell, un centro de referencia en la todavía nueva ciencia epigenética. En el equipo del popular Manel Estellera, se han dedicado a la búsqueda de marcadores en diferentes tipos de cáncer, fundamentalmente de pulmón. «Se trata de predecir qué tipo de tumor va a tener una evolución peor que otro, para seleccionar a aquellos pacientes que requieren un tipo de tratamiento, o descartar aquellos en los que una quimioterapia, por ejemplo, sólo tendría efectos tóxicos, pero no mejoraría la dolencia».

Un estudio volcado en los cánceres de pulmón, pero que también mira a las leucemias infantiles, los tumores de hígado; o más allá las dolencias cardiovasculares, las enfermedades mentales o el alzhéimer que investigan otros científicos del Idibell. Y cuyo objetivo final está en el desarrollo de una medicina personalizada que evite tratamientos agresivos inútiles, y pueda centrar sus procedimientos en células o mutaciones diana que preserven en la mayor medida posible los tejidos sanos.

Es el camino elegido por quien vio en la medicina el camino hacia la investigación bioquímica, especialidad en la que realizó el MIR en la clínica barcelonesa Sant Pau, para cercionarse de que lo suyo era la investigación y no la clínica. Tiempo después la epigenética se cruzó en su camino. «Se dice que la genética es la ortografía y la epigenética es la gramática, lo que te permite leerla».

Y leerla implica encontrar el punto débil del cáncer. «Los tratamientos estándar atacan tanto a las células sanas como a las dañadas. Ahora se trata de fijar metodologías más selectivas, y también más eficaces».

Y en su mundo se entremezclan las fórmulas científicas de genes, ADN, proteínas, metilos y citosinas con las teorías evolutivas y deterministas, las mutaciones genéticas y los condicionantes ambientales que pueden ser heredahbles, el condicionamiento de lo que somos, comemos y nos afecta y cómo eso nos transforma o puede ser transmitido. ¿Por qué una misma abeja puede ser reina u obrera? ¿Por qué dos gemelos monocigotos pueden desarrollar distintas enfermedades? ¿Por qué, sólo cambiando la dieta, algunos ratones amarillos se vuelven marrones?

En el fondo, esa eterna polémica que rodea cada avance en el conocimiento científico. A la que el Grupo de Epigenética del Idibell no es ajeno, en su esfuerzo por encontrar una respuesta no sólo a los múltiples interrogantes que abre esta «gramática de la genética», sino sobre todo a las soluciones prácticas a la curación del cáncer.

El estudio del equipo en el que participa Jesús Méndez se ha centrado en buscar marcadores de diferentes tipos de tumores, sobre todo de pulmón, para predecir cuáles van a tener una evolución mejor que otros. «La tecnología actual nos permite ahora estudiar simultáneamente miles de marcas epigenéticas que pueden estar alteradas en un turmo. Básicamente buscamos las marcas de metilación (las marcas químicas que se «depositan» sobre el ADN e impiden elaborar determinadas síntesis de proteínas que protejan a las células), que indican qué tipo de tumores van a tener una evolución más agresiva, o que responderá a un tratamiento pero no a otros. Eso permite determinar qué tipo de tratamiento necesita cada paciente, y aquellos que no serán eficaces para él».

En el cáncer de pulmón la quimioterapia demostró en su momento que en parte de los casos no era efectiva. Al menos no lo era en los estadios iniciales. «Sin embargo, muchos pacientes no se curan sólo con la cirugía. Algunas de sus células cancerígenas ya se han «escapado». Este estudio permitía adelantar qué tipo de tumor puede ser tratado con quimioterapia, y aplicarla antes de que llegue a la fase avanzada. Se trata de someter al tratamiento sólo a los pacientes que creemos que van a beneficiarse de ello».

El siguiente paso en la investigación es validar la investigación en poblaciones más grandes. «La epigenética tiene también la ventaja de que las muestras pueden obtenerse no sólo del tumor, sino de la sangre o los esputos, así que poddrían no ser necesarias continuas biopsias».

El campo de aplicación es tan grande como las dolencias. «La epigenética ha demostrado que tiene gran capacidad predictiva en casos como algunos tumores cerebrales, en los que está muy metilado el gen MGMT. La proteína que produce y que protege el ADN baja mucho, y el tumor es muy agresivo. Algunas terapias dañarían mucho las células, así que esto puede utilizarse como una oportunidad: aplicar un fármaco al que la célula es sensible precisamente porque está desprotegida». El fármaco se dirigiría a aquellos pacientes que tienen este gen metilado. Se consigue un tratamiento mucho más eficaz y más selectivo para este tipo de célula».

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