CANTO RODADO
La gaviota no se moja
el alcalde de león no quiere que le arreen con pelotazos como si fuera un minero y se esconde detrás de una foto del ex alcalde
El otro día me dejaron un papelito en la luna del coche. ¡Eureka! ¡No era una multa de la ORA! Con lo que ha subido el ticket de anulación y lo que nos van a bajar el sueldo fue todo un alivio llegar antes que los agentes de la ordenanza reguladora del aparcamiento. Un papel couché con pretensiones poéticas y surrealistas.
Es la alegoría de una gaviota que sobrevuela el mar revuelto de la crisis sin mojarse. Un conjunto de azules y blancos ondeando sobre el cristal para explicar a la ciudadanía todo un año de gobierno del PP en el Ayuntamiento de León. Después de leer las inmaculadas palabras de «respeto», «responsabilidad» y «sin dilapidar», me puse a buscar la miga en el interior.
No vi al alcalde. Emilio Gutiérrez se ha hecho invisible en el panfleto que vende las bondades de su primer año de mandato: pago de 167 millones de euros a autónomos y pequeños y medianos empresarios, devolución del IBI, traslado del Rastro, reordenación de Fernández Ladreda... ¿No es extraño que un alcalde satisfecho de sus logros se esconda? Muy extraño.
El alcalde se esconde
Otro ocupa su lugar. Nada menos que el ex alcalde, Francisco Fernández. Con una gran foto y un mensaje en caja alta: «Un año sin prejubilaciones millonarias», dice. ¿Acaso el anterior alcalde se prejubiló del Ayuntamiento de León? No. Fernández está políticamente liquidado pero sirve de escudo para parar el inevitable desgaste de la figura del alcalde actual por la crisis, los recortes y las nuevas políticas del PP por mucho que reluzcan los parques con ayuda de la primavera.
Gutiérrez no está dispuesto a que le arreen con los pelotazos como si fuera un minero, aunque sus raíces estén en una cuenca minera. La cuenca en la que hace 20 años se experimentó, sin piedad, el fin del carbón: Sabero-Cistierna. La empezó el PSOE y la remata el PP. Sin piedad. Con la maquinaria de la represión haciendo alardes desde Ciñera a Bembibre. Los mineros desfilaron con su luz por León. Pero las lámparas no alumbraron a una ciudad cada vez más fría, pese a la llegada del solsticio estival, y descreida de la lucha minera. Se cree que son pocos (y lo son) y privilegiados (no es cierto y todo lo que tienen se lo ganaron a pulso). Mañana paran las cuencas mineras. ¿Hay algún colectivo en este país, en esta provincia que haya luchado más por su dignidad? No.
La ceremonia de la confusión es santo y seña de la gaviota y no sólo en León. El gobierno de Rajoy se ha pasado la semana buscando sinónimos al rescate, mientras la ciudadanía se pregunta cómo le afectará al bolsillo y a su futuro inmediato la «línea de crédito» de 70.000 millones de euros que España recibirá para salvar a la banca. «Dígalo conmigo: res-ca-te», le pidió la portavoz de UPyD, Rosa Díez, como si fuera un niño de escuelas infantiles. Ni por esas.
Nada de palabras feas
Tampoco en el panfletito del PP se colaron palabras feas como despido, subida de tasas, recorte de servicios, edificios vacíos de contenido... Será porque aún no han calculado los efectos. Esta crisis no es la suya. Ni de Rajoy ni de Gutiérrez. Es una herencia que no quieren. Como si se hubiera recuperado el impuesto de sucesiones y el de patrimonio al mismo tiempo. Cosa que no se barrunta en los tiempos revueltos de la política sin democracia y la democracia de política ausente.
Al alcalde de León, Emilio Gutiérrez, no el otro que usurpa su rostro en el panfleto, hay que reconocerle el esfuerzo por sanear las cuentas municipales después de tres décadas de dilapidación en la que sucesivos gobiernos de Morano, el senador, de Amilivia, el presidente del Consejo Consultivo, del PP, y de Fernández, el prejubilado de oro, del PSOE apuntalado por la UPL, han convertido Poridad en la casa de tócame Roque.