Diario de León

MEDIO AMBIENTE

Víctor Resco: «La energía limpia contamina más que la nuclear"

Desentraña la religión verde en ‘Ecomitos Los bulos ecológicos que agravan la crisis ambiental’

Víctor Resco de Dios con su ensayo sobre los bulos del cambio climático. DL

Víctor Resco de Dios con su ensayo sobre los bulos del cambio climático. DL

León

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Víctor Resco de Dios, doctor por la Universidad de Wyoming y profesor en la Universidad de Lérida, es uno de los contribuyentes al quinto informe del IPCC y uno de los científicos más respetados a nivel mundial en sus estudios sobre cambio climático. En su nuevo ensayo: Ecomitos. Los bulos ecológicos que agravan la crisis ambiental  se centra en explicar los mecanismos que explican las interacciones biosfera-atmósfera en relación a la regulación de los flujos de agua, dióxido de carbono y riesgo de incendios y advierte de que ciencia e ideología no pueden ir juntas.

—¿Qué hay y que no hay de cierto en todo lo que nos cuentan?

—Estamos en un cambio climático sin precedentes en la historia, no solo por la magnitud sino por la velocidad del cambio climático. Tiene unas repercusiones muy graves porque el clima sienta las bases de la economía, de la sociedad, qué cultivos vamos a tener, qué tipo de industria. Todo lo que ocurre con el clima se traslada rápidamente al sistema social. Lo que pasa es que en ocasiones tenemos una gran miopía climática porque nos obcecamos en temas como la reducción de las emisiones de CO2 y no lo hacemos en las repercusiones que hacerlo tiene en otros ámbitos.

—¿Cómo por ejemplo?

—Por ejemplo las hambrunas, la carestía de alimentos en el sur global. Reducir el CO2 puede generar problemas de desigualdad, de acceso a la educación, al agua, sequías... por temas relacionados con el nitrógeno, determinados tipos de bioquímicos que producen contaminación. Hace unos años, la Unión Europea, pidió que se favorecieran los biocombustibles. La repercusión que tuvo esa directiva fue que automáticamente se taló la selva de Indonesia y se deforestó Brasil para hacer plantaciones de soja. Esa medida con la que nosotros queríamos descarbonizar la economía ha creado un problema social grave en esos países y, además, aumentó las emisiones. Es inasumible perder la perspectiva global. 

Una mujer mezcla agua con mena y mercurio en una mina en Macalder en el condado de Migori al oeste de Kenia. DAI KURUKAWA

Una mujer mezcla agua con mena y mercurio en una mina en Macalder en el condado de Migori al oeste de Kenia. DAI KURUKAWA

—León es una provincia en la que se ha estado sacando y quemando carbón durante más de un siglo. Como consecuencia, han quedado zonas totalmente degradadas, que jamás se recuperarán. Ahora, con la excusa de la nueva economía, pretenden llenar reservas naturales únicas con parques eólicos y fotovoltaicos. ¿Por qué seguimos repitiendo esquemas que han demostrado su inutilidad?

—Claro. Lo que vemos aquí es que cuando vamos al médico porque tenemos una enfermedad no nos cambia de tratamiento según tenga una ideología de izquierdas o de derechas. Sin embargo, en esta cuestión, que no deja de ser técnica, aunque tenga un componente político, sí ocurre. La transición energética según se está planteando a día de hoy pasa por cambiar la energía fósil por otra basada en la minería, necesaria para construir este tipo de industria. Para los parques solares, eólicos y los coches eléctricos se requiere un tipo de metales pesados muy contaminantes, un gran número de minerales que fuerzan a multiplicar por seis la actividad minera para dar abasto con la demanda. Entre los componentes nos encontramos cadmio, cobalto, etc que se extraen de países del sur global que en muchas ocasiones usan mano de obra esclava y trabajo infantil. Además, la minería contamina las aguas. Consideramos verde esta energía pero si viéramos lo que produce en realidad nos daríamos cuenta de que es muy contaminante. Con esto no digo que haya que acabar con estas energías sino que hay que cambiar el modo de producción. Ya vemos cartones de leche en los que aparece la pegatina de que proceden de economía circular. De la misma manera deberíamos exigir que los materiales de la economía verde llevaran la certificación que demuestre cómo se ha producido. 

«Para los solares, eólicos y los coches eléctricos se requiere un tipo de metales pesados muy contaminantes, de un gran número de minerales que fuerzan a multiplicar por seis la actividad minera para dar abasto»

—¿Y su efecto en los paisajes?

—Claro. Antes hablábamos de la miopía climática y en este caso se puede hablar de lo mismo porque el primer factor de pérdida de la biodiversidad es el cambio de uso. Y es precisamente lo que está pasando con los parques eólicos y fotovoltaicos, que se llaman parques pero no dejan de ser la transformación de monte de alto valor ecológico en zona industrial de generación eléctrica. Hay que pensar bien cómo y dónde se hacen sin estas prisas climáticas y sin rebajar los trámites de impacto ambiental como se ha hecho últimamente porque tiene consecuencias negativas y puede crear un mal mayor que el que pretenden eliminar.

 

—Todo contamina.

—Todo contamina y lo que hay que  hacer es ver cuál es la más inocua para cada situación en particular.

—España se va a convertir en la pila de Europa, pero aún no sabremos cuáles serán las consecuencias. ¿Qué pasará cuando termine la vida útil de todos los parques que están levantándose?

—La declaración de emergencia climática es un arma de doble filo porque no cabe duda de que estamos en una crisis climática grave y que tenemos que rebajar las emisiones. Pero la mismo tiempo, tratar como una emergencia lo que es un problema estructural puede llevar a decisiones precipitadas de las que nos arrepintamos. Ahora ha bajado mucho el precio de la energía fotovoltaica y eso es algo positivo pero muchas de las tierras raras que se requieren para ella están en países como China, por ejemplo, con lo que nos estamos convirtiendo en una provincia de unos pocos países. Aumentamos mucho nuestra dependencia de regímenes poco democráticos cuando muchos creen que la principal ventaja es que nos hace independientes desde el punto de vista energético.  

«Entre los componentes de la energía limpia nos encontramos cadmio, cobalto, etc que se extraen de países del sur global con trabajo infantil»

—El último informe del IPCC —el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático— aboga por el uso de estas energías, sobre todo la eólica y la solar.

—Sí, pero el anterior abogaba por el BCAC (bioenergía con captura y almacenamiento de CO2). La ciencia avanza y progresa y es normal que las recomendaciones cambien pero lo que no es recomendable son los bandazos que ha ido dando el IPCC porque cuando recomendó la biomasa, la realidad era que la tecnología no estaba lista. El siguiente informe lo veremos dentro de siete años pero no hay duda de que podemos estar frente a una moda que dure poco y tenga repercusiones sobre los paisajes. Es cierto que las empresas se comprometen a restaurar...

Fotografía de archivo tomada el 25 de junio de 2011 que muestra a activistas de Campaña Internacional para Abolición Armas Nucleares (ICAN) durante una protesta en Place de Droits de L'Homme en París.

Fotografía de archivo tomada el 25 de junio de 2011 que muestra a activistas de Campaña Internacional para Abolición Armas Nucleares (ICAN) durante una protesta en Place de Droits de L'Homme en París. EFE

—Aquí en León tenemos pruebas evidentes de eso.

—Claro. Además, esto repercute en los beneficios que se obtienen de los rescates de CO2. Las energéticas se están forrando porque están recibiendo unos 9.000 millones de euros al año de lo que se llama beneficios caídos del cielo y esto viene del sistema de intercambio de emisiones. La empresa le compra unos derechos de emisión a la UE, repercute el coste sobre el ciudadano y los beneficios se calculan en 9.000 millones de euros al año.

—Solo en Europa.

—Sí, solo en Europa.

—En el libro habla de que es mucho más segura la energía nuclear porque la posibilidad de que haya un accidente es ínfima.

—En el libro no digo que haya que aumentar la nuclear porque eso es algo que deben decidir los ciudadanos. Pero cerrar centrales es una decisión ideológica porque la ciencia no lo apoya. Es cierto que construir una central nuclear cuesta mucho dinero y tiempo y bajo esa óptica yo puedo entender que haya trabas pero mantener y renovar las que ya están hechas cuesta relativamente poco dinero. Volvemos a lo de siempre, a lo de que ninguna energía es perfecta. La geotoxicidad relacionada por ejemplo con las instalaciones renovables por los metales pesados es mayor a la que tenemos por las nucleares y la energía que más radiación emite en su fabricación es la térmica. La energía nuclear tiene la ventaja de que produce una cantidad ingente de energía y no emite CO2 durante la fabricación de energía. Lo convierte en una alternativa muy interesante desde el punto de vista económico, ecológico y social, porque los pueblos que están cerca son pueblos a los que les ha ido bien.

«Esto de llevarnos las manos a la cabeza cuando alguien corta un árbol. ¡Arboricidio! , dicen, no es serio porque en realidad cortar árboles no es deforestar»

—¿Y la radioactividad?

—Los residuos nucleares van decayendo con el tiempo Esos diez mil años de los que hablan es el tiempo en el que dejan de ser radioactivos pero si miramos cuál es el tiempo en el que el uranio deja de tener una radioactividad mayor, que es el momento en el que tiene la misma que cuando fue extraído del suelo, es mucho menor. Y pasados 300 años, la radioactividad está por debajo del umbral en el que se considera segura por la OMS. 

—Otro de los temas de los que habla en el libro es la gestión forestal y cómo estos actúan en el clima en realidad.

—Los bosques no generan oxígeno. El oxígeno que genera la fotosíntesis es el que consumen. Si se deforestara una de las consecuencias no sería la falta de oxígeno. Básicamente, un tercio de todas las emisiones de CO2 nos salen gratis porque lo absorbe o bien los océanos o la tierra, con lo que no contribuye al cambio climático.

—¿Cuál debería ser la gestión forestal?

—Muchos bosques viven episodios de mortalidad. Vemos que la sequía favorece los incendios y todos estos riesgos climáticos se pueden disminuir cortando árboles y desbrozando los montes a través de una gestión forestal sostenible. Pero, en contra de lo que muchas personas creen, en Europa, cada vez hay más árboles y la superficie forestal va en aumento. Cuando tú tienes muchos árboles y mucho matorral acaba habiendo mucha competencia entre ellos y la falta de gestión forestal agrava el cambio climático porque aumenta la escasez de agua. Por tanto, esto de llevarnos las manos a la cabeza cuando alguien corta un árbol. ¡Arboricidio! , dicen, no es serio porque en realidad cortar árboles no es deforestar. La gestión forestal sostenible forma parte no solo de la solución al cambio climático sino que asegura que nuestros bosques van a resistir el envite de la sequía y los incendios y, además, es una manera de obtener recursos con una huella de carbono mucho menor. Todos queremos tener bosques prístinos y, al mismo tiempo, muebles de madera. Y, otra vez, no nos damos cuenta de que la madera que no venga de aquí lo hará de otro lugar. De nuevo aparece la mentalidad neocolonialista porque aquí tenemos la posibilidad de saber que las cosas se han hecho con garantías y respetando la legalidad pero si la madera viene del sur global nunca tendremos esa seguridad. Así que esta protección estricta de los bosques por la que muchos abogan es parte de la miopía de la que hablábamos al principio de la conversación y acaba además en que nuestros bosques acaben más afectados por la sequía y los incendios y favorezcamos la deforestación en otros lugares del mundo.

Idílica imagen del soto de castaños de Villar de los Barrios, elegido en el concurso de la ONG Bosques sin Fronteras. JUAN YOAMA

Idílica imagen del soto de castaños de Villar de los Barrios, elegido en el concurso de la ONG Bosques sin Fronteras. JUAN YOAMA

—O sea que no podemos restaurar el clima plantando árboles.

—No, pero esto es lo que se pretende con estas plantaciones compensatorias, con el mercadeo de CO2 del que antes hablábamos. Todo el mundo piensa que  plantar árboles es muy bueno pero las estadísticas nos dicen que la inmensa mayoría, el 95% de las plantaciones en zonas tropicales que se han hecho para compensar el carbono emitido no son monitorizadas y no sabemos qué ha pasado con ellas. Sabemos también que las plantaciones que no se gestionan acaban siendo pasto de las llamas. Lo vemos cada verano en España, con lo que en ocasiones plantar árboles puede convertirse en un ecocidio, en una herramienta de greenwashing con la que las grandes empresas contaminantes planten árboles y se laven la cara. Todo esto se realiza además en connivencia con  oenegés ecologistas que son las encargadas de plantar árboles. Hace unos años nació una iniciativa a nivel global que se llama Planta un billón de árboles (Trillion Trees), iniciativa de WWF, BirdLife International y Wildlife Conservation Society. El Foro de Davos también tiene una parecida. Las entidades ecologistas son las que se ofrecen como una especie de departamento de relaciones públicas de las grandes empresas contaminantes. Controlan el relato y parece que están haciendo un gran favor y no es así. 

«Hay entidades ecologistas que se ofrecen como una especie de departamento de relaciones públicas de las grandes empresas contaminantes»

—Podemos decidir nosotros o el fuego ¿Esa es la conclusión?

—Sí. La sequía está decidiendo por ahora cómo gestionar estos paisajes. Tenemos bosques cada vez más abiertos y somos nosotros los que debemos gestionarlos de forma proactiva. Tenemos que hacer plantaciones que busquen restaurar, no plantaciones compensatorias. En España ocurre como en California con las plantaciones compensatorias y aumenta muchísimo el peligro de incendios. 

—¿Qué mensaje hay que tratar de inculcar?

—El libro no busca ser ni una crónica del Apocalipsis ni es una búsqueda de culpables. El mensaje es que lo podemos hacer aunque la tarea es dura porque estamos en medio de una crisis ambiental global. No nos queda otra que afrontarla porque nosotros somos las víctimas de esta crisis. Tratan de hacernos creer que somos los responsables por nuestro estilo de vida pero no es así porque el 50% de las emisiones viene del 10% más rico. Por la cuenta que nos trae tenemos que apretar las tuercas a las personas que toman decisiones y arreglar este asunto para que se abandonen los intereses de las entidades privadas y la ideología. Lo podemos hacer pero el ciudadano debe saber lo que hay que hacer para revertir la situación. 

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