Diario de León

«Yo también puedo ser independiente»

La Concha de Plata de Pablo Pineda reclama a la sociedad que reconsidere el papel de las personas con síndrome de Down

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Francisco Carrión
León

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Pero, ¿quién es Pablo?, pregunta el periodista. «Pablo es un chico de 35 años que obtuvo la diplomatura de Magisterio y al que le quedan unas cuantas asignaturas para terminar la licenciatura de Psicopedagogía», responde. Pablo también es Daniel, el joven sevillano que encarna en la película Yo, también y que se enamora de Laura, la mujer solitaria que interpreta Lola Dueñas y que busca poner tierra de por medio con un pasado traumático.

«Hemos reivindicado nuestras competencias cognitivas, nuestro derecho a estar integrados en la escuela, pero ya es hora de decir que tenemos sentimientos y que podemos enamorarnos», dice Pablo Pineda, que prepara unas oposiciones de administrativo al ayuntamiento de Málaga, su ciudad. Lograr un trabajo sería, reconoce, un paso fundamental para «independizarse».

«Cuesta mucho salir de casa, porque la sociedad tiende a no entender que un síndrome de Down se despegue de su padres», asegura. «Pero también es un reto personal porque en casa con los padres se está muy bien y fuera te tienes que buscar las habichuelas solo», admite Pineda. «Y eso sirve para todo el mundo no solo para los síndrome de Down».

Miguel López Melero, que es catedrático de la Universidad de Málaga y al que Pablo presenta como su «sombra», niega que el primer diplomado europeo con síndrome de Down sea una excepción y denuncia el «gran desconocimiento» que aún pervive en la sociedad sobre las competencias de quienes nacieron con una copia extra del cromosoma 21.

«La genética marca solo itinerarios posibles y en ningún momento determina lo que una persona va a ser, pues todo depende de la educación», explica López Melero, quien critica el modelo educativo «precario y reduccionista» de la mayoría de las escuelas y que produce «mentes simples y reducidas».

López Melero dirige desde 1990 el proyecto Roma, una institución formada por profesores, padres y otros mediadores que apuesta por un modelo en el que «la cultura posibilite el desarrollo cognitivo y la autonomía».

«Si el niño atiende, memoriza, aprende a escribir y a leer y obedece las normas sociales será autónomo, pero si los padres piensan por él, se comunican por él, no se le establecen normas y hace lo que le da la gana, será un adulto deficiente», sentencia López Melero.

Para Pep Ruf, coordinador del servicio de Apoyo a la Vida Independiente de la Fundación Catalana de Síndrome de Down, lo importante es que «desde pequeño la familia se pregunte cuál es la imagen de futuro que le gustaría para su hijo y se ponga manos a la obra».

 Ariadna empaqueta estos días sus últimas pertenencias antes de mudarse a su nuevo piso. Tiene 25 años y trabaja como auxiliar administrativo en la Generalitat de Cataluña. «Ser independiente era un sueño», señala. «Quiero demostrar que valgo para vivir sola, porque nosotros también tenemos derecho a vivir una vida normal como los demás», subraya.

La experiencia que Ariadna se prepara para iniciar en breve no es aislada. En 2000, la Federación Catalana de Síndrome de Down puso en marcha el servicio de apoyo a la vida independiente bajo la sincera denominación de «me voy a casa». Solo en la provincia de Barcelona el programa atiende actualmente a 43 personas, que «viven cómo y con quien quieren».

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