Diario de León

PSOE: la derrota del pensamiento débil

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Opinión | antonio papell

La derrota del PSOE no ha sido simplemente el fruto de la fluctuación natural de las preferencias electorales que sucede en todas las democracias a medida que los gobiernos se desgastan y los ciudadanos cambian de perspectiva; esta vez ha habido un desalojo destemplado del poder, un rechazo contundente y explícito a la mayoría política socialista que nos ha traído hasta aquí. Una reprobación que resulta perfectamente mensurable: si el PP ha subido cuatro puntos su cotización popular, el PSOE ha perdido más de quince puntos porcentuales de apoyo, lo que sitúa la gran formación de centro izquierda en una posición preconstitucional: González logró más adhesiones en las primeras elecciones generales de la democracia, en 1977, cuando todavía el PCE aspiraba a la hegemonía de la izquierda y el sociali, pero el comportamiento del electorado sugiere que ésta no es la única razón de la débacle. El PSOE ha demostrado una conmovedora falta de ideas y de propuestas -todavía resuena en los oídos de este país aquello de que «bajar impuestos es de izquierdas», gran lema de una estricta definición ideológica-; un déficit de organización que probablemente tenga que ver con su patológica endogamia; una incapacidad para seducir y atraer a militantes, cuadros y simpatizantes de cierto nivel; una escasísima capacidad comunicativa y de complicidad con los grandes designios e inquietudes sociales. No debería pensarse, pues, que el electorado ha castigado simplemente a los autores de un gran ajuste -en Cataluña, el electorado ha demostrado su altura de miras al no tomar en cuenta al gobierno de la Generalitat las ineludibles medidas de austeridad adoptadas- sino a un equipo que no ha sido capaz de dar una respuesta cabal, contundente y clara a la gran recesión, y que se ha limitado a capear el temporal sin conocer muy bien el puerto de arribada. Lo que en la primera legislatura de Rodríguez Zapatero pareció ser una recuperación creativa del aliento socialdemócrata, en la segunda se convirtió en ‘pensamiento débil’, en cáscara vacía

No tendría sentido en este momento -la historia se escribirá después- depurar las responsabilidades de la gran hecatombe socialista. Lo cierto es que la opinión de los electores está bien clara. Y que, casualmente, todos los candidatos oficiosos a suceder a Rodríguez Zapatero en la secretaría general han sufrido un varapalo especial. Rubalcaba ha llevado al PSOE al peor registro de toda la democracia; Chacón ha conseguido al frente del PSC la proeza de perder por primera vez las elecciones generales en Cataluña; Patxi López ha quedado en tercer lugar en Euskadi; y en Extremadura, el PSOE de Fernández Vara ha descendido 15 puntos con respecto a 2008 mientras el PP extremeño ha repuntado casi un 10%

Así las cosas, no parece que sea muy razonable la idea de recomponer rápidamente la organización socialista mediante un congreso que reconstituya el esquema interno de poder. Quizá lo más sensato sería que Rodríguez Zapatero propusiese a los notables de su partido la formación de una gestora que se hiciera cargo del aparato durante un período de tiempo de varios meses para dar lugar a una reflexión intensa y profunda, a una catarsis creativa, a una convocatoria a toda la sociedad, previos a un Congreso en el que se debería producir una decantación ideológica consistente y la convergencia de más y más relevantes personalidades que las que ahora se postulan para recoger las cenizas de Ferraz.

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