Las siete vidas de Rajoy
El Gobierno cree que el presidente del Gobierno saldrá indemne de la crisis de Bárcenas, que mañana podría acusar al PP ante el juez Ruz de financiación ilegal.

Rajoy en la Moncloa, durante la presentación esta semana de sus planes con las ONG.
«Quién piense que Bárcenas puede hacer caer a este Gobierno es que no conoce a Mariano Rajoy, el presidente es una roca, tiene más vidas políticas que un gato». La respuesta de un miembro del Ejecutivo resume la convicción total de los ministros y del PP en la capacidad de su líder para salvar situaciones límites.
Sin mucho esfuerzo, el interlocutor recitó algunos de estos precipicios políticos que Rajoy salvó in extremis: las derrotas electorales de 2004 y 2008, las semanas previas al congreso nacional del PP de Valencia de 2008, en el que un sector crítico encabezado por Esperanza Aguirre amagó con disputarle el liderazgo, el estallido del caso Gürtel que investiga una trama corrupta que habría amañado concursos públicos en administraciones gobernadas por el PP a cambio de comisiones ilegales, sus públicos apoyos a los ex presidentes de Baleares, Jaume Matas, y de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, a los que después tuvo que empujar a la dimisión por sus imputaciones —y en el caso de Matas, condena— en casos de corrupción o, más recientemente, sus severos recortes en los pilares del estado del bienestar o la subida de impuestos, en contra de lo prometido en campaña electoral.
Ni una palabra
Tras el mutismo de Rajoy se esconde una convicción. El presidente del Gobierno entiende que no puede, ni quiere, hacerle el juego a Bárcenas.
Los puentes que tendió la dirección del PP para alcanzar un pacto de caballeros con Bárcenas quedaron volatilizados tras su despido el 30 de enero de un trabajo inexistente en el partido, pero muy bien remunerado, más de 20.000 euros mensuales, y, sobre todo, con el ingreso en prisión del extesorero. «Ni un paso atrás», reclamó una destacada miembro del Ejecutivo.
Rajoy, de hecho, no piensa cambiar ni un ápice su agenda. El lunes, mientras Bárcenas tira de la manta y confirma el pago de sueldos opacos y la financiación ilegal del PP, como auguran sus allegados, o se retracta, como apuntan desde ciertos sectores del partido, o se calla, el presidente del Gobierno recibirá en la Moncloa al primer ministro de Polonia, Donald Tusk, con el que compartirá conferencia de prensa a primera hora de la tarde. Para entonces ya se conocerán los pormenores de la declaración del ex tesorero.
Pase lo que pase, en la Moncloa califican de ciencia ficción un adelanto electoral y mucho más increíble una dimisión. «Rajoy cuenta con una estabilidad parlamentaria más que suficiente para acabar la legislatura y muchas ganas de trabajar para sacar a España de la crisis», zanja un colaborador cercano suyo. Pero más allá de la puesta en escena oficial, lo cierto es que Bárcenas se ha clavado como una espina en el día a día del Gobierno y del PP.
La división de las ‘guardias’
El partido ha caído en una especie de esquizofrenia interna a causa de los afectos y odios que inspira la figura de Bárcenas. La vieja y la nueva guardia del PP enfrentada entre los que piden más dureza contra el extesorero, «caiga quien caiga», y los que avisan de que es muy difícil borrar las huellas de una persona que ha ocupado durante casi 30 años un despacho clave en la organización situado apenas una planta más abajo que el del presidente del partido.
Unas posiciones encontradas con nombres y apellidos. Por un lado está María Dolores de Cospedal, la única dirigente que ha presentado una demanda por injurias Bárcenas, y el portavoz popular en el Congreso, Alfonso Alonso, que grita a los cuatro vientos que Bárcenas, la misma persona que firmaba las nóminas de los 200 trabajadores del PP hace tan sólo tres años, es un «delincuente».
En la otra esquina, dirigentes que ya peinan canas como Javier Arenas.
Según contó el periodista y director del periódico El Mundo, Pedro J. Ramírez, tras una conversación de cuatro horas con el innombrable para Rajoy, Arenas hizo las veces de interlocutor entre el extesorero y el presidente cuando fue imputado en el caso Gürtel y cuando se publicaron los papeles de Bárcenas.
El propio es presidente José María Aznar, que consta en la supuesta contabilidad b del PP como receptor de diversas cantidades, tan sólo ha iniciado acciones legales contra el diario El País, ninguna contra Bárcenas.
Jamás cobró
Desde el Ejecutivo niegan con contundencia la mayor acusación, Rajoy jamás cobró o repartió dinero negro. Pero en el hipotético caso de que se demostrase que el presidente percibió alguna «cantidad legal» del partido en concepto de gastos de representación, estas mismas fuentes señalan que «no habría incumplido» con la Ley de Incompatibilidades de 1996.
Alegan en el Partido Popular que esta norma no prohibía explícitamente el cobro de dietas.