Diario de León

CiU se ha acabado, es historia

Convergència da la puntilla a una alianza que ha durado 37 años y ambos partidos se presentarán por separado a las elecciones previstas el próximo 27 de septiembre.

El coordinador general de CDC, Josep Rull.

El coordinador general de CDC, Josep Rull.

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cristian reino | barcelona
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La política catalana entra en una nueva dimensión. La pareja que ha regido Cataluña desde 1980, salvo el paréntesis de siete años de los dos tripartitos del PSC, ICV y ERC, ya es historia. Convergència, la formación mayoritaria de la federación, ha apostado abiertamente por la independencia y en ese viaje Unió sobraba. «El proyecto político de CiU se ha acabado, hace falta una separación», afirmó el número dos de Convergència, Josep Rull.

Durante años, la palabra crisis ha ido de la mano de las siglas de CiU, pero esta vez es distinto y definitivo. Al final, el proceso soberanista ha acabado por llevarse por delante la federación que creó Jordi Pujol en 1978 y cada uno de los socios ha decidido seguir su camino. Hasta hace bien poco, las guerras internas se libraban más bien por egos y luchas personales que por otra cuestión. Sin embargo, en el divorcio lo que ha pesado son las diferencias ideológicas. Convergència ha abrazado el independentismo rupturista y quiere proclamar el Estado catalán en marzo de 2017, mientras que Unió pretende seguir jugando un papel moderado desde el nacionalismo pactista. «CiU ha sido una herramienta útil, excelente en términos autonómicos, pero en el momento que abrimos, el escenario de una Cataluña soberana, este instrumento no tiene sentido. Este es un camino de no retorno», remató Rull.

La primera gran consecuencia de la ruptura, más allá de que los tres consejeros de Unió salen del Gobierno catalán, se vivirá el 27S. En esas elecciones, que Artur Mas quiere que sean un plebiscito sobre la independencia, las dos formaciones se presentarán por separado. «Queremos explicar que votando esta candidatura se vota que Cataluña sea un estado independiente», señalaron los convergentes. Este es el paso que los más independentistas de Convergència anhelaban y llevaban tiempo reclamando a Artur Mas.

Con Esquerra pisándoles los talones en la pugna electoral, los ‘convergentes’ tenían que romper amarras con los democristianos para presentarse el 27-S como una formación inequívocamente secesionista. Sin las dudas ni los matices que de vez en cuando introducía Josep Antoni Duran Lleida, y que tanto crispaba entre los independentistas pata negra de Convergència, como Josep Rull o Francesc Homs. A Duran ya no le podrán acusar de poner palos en las ruedas del proceso desde dentro del mismo porque ya no están en el mismo barco.

Convergència, a la que alguna encuesta da los mismos resultados vaya o no con su socio, irá en la lista que articule Artur Mas con independientes, personalidades de la sociedad civil y los restos secesionistas de Unió. Lo que es una incógnita es el futuro de los moderados de Duran Lleida, la mitad del partido. La formación democristiana, que aglutinaba en torno al 10% de la militancia de CiU y el 25% de los cargos electos, también abrió ayer la puerta a concurrir en solitario el 27S, algo que no ha hecho nunca desde su fundación en 1931. «No podemos descartar ningún escenario», expresó Ramón Espadaler, secretario general de Unió. Está por ver si queda espacio electoral para un nacionalismo moderado de centro derecha.

Divorcio amistoso

Artur Mas expresó su deseo de que el divorcio sea «amistoso», a pesar de ser consciente de que «las separaciones nunca son agradables», y anunció que el próximo lunes acometerá la remodelación del Gobierno tras la salida de los tres consejeros de Unió, a los que ensalzó públicamente y agradeció su trabajo. «La crisis de Gobierno no es por ninguna tontería o pique, es por una discrepancia de fondo, legítima, sobre un tema de proyecto, sobre la que todo el mundo debe posicionarse, y CDC y UDC lo han hecho de manera diferente», se justificó.

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