ellas quieren, ellas pueden
Leonesas que guisan y pintan la igualdad
‘Nosotras’ y ‘Entretantas’, dos colectivos que reúnen a artistas y cocineras para visibilizarse, cuentan su experiencia de superación junto a otras ocho leonesas con puestos de dirección en diversos ámbitos .

ramiro
ANA GAITERO | LEÓN
Las mujeres son ‘reinas’ de las cocinas en las casas pero las cenicientas de los fogones gastronómicos. Musas en el arte pero relegadas en el mundo artístico. Hay más paradas que parados —21.297 mujeres y 19.147 hombres—, se tardarán 118 años en superar la brecha salarial de género, sólo un 15% ocupan cargos directivos en las empresas privadas... En la política aún no se ha alcanzado la paridad. Y las tareas del hogar son desarrolladas mayormente por mujeres.
Y sin embargo, algo se mueve. En la vida pública, privada, cultural y social. Hace diez años un grupo de artistas leonesas impulsaron el colectivo Nosotras para darse a conocer y exponer y el pasado enero se creó formalmente la asociación Entretantas, cocineras de Castilla y León para romper el techo de cristal en los fogones y defender los productos de la tierra de forma colectiva.
«Los chef reconocidos son hombres, pero es frecuente oírles decir que esas recetas son de sus madres o abuelas», afirman las leonesas que han decidido dar un paso adelante para romper su techo de cristal.
«El conocimiento ha salido de las mujeres pero no somos visibles, tenemos el handicap de la familia y de que la mujer en la cocina es como si formara parte del mobiliario», remarca Marisa Rodríguez. Un grupo de leonesas que llevan entre 30 y 10 años al frente de establecimientos como Entrepeñas, en Geras; Los Poinos en Valdeviembre; el Comedor del Monte en Tabuyo; Casa Pepa en Quintanilla de Somoza; La Jouja en León y La Taberna del Sil en Ponferrada son la aportación de la provincia a la asociación Entretantas, cocineras de Castilla y León, impulsada por la palentina Isabel Curiel. Se han unido con la intención de romper ese techo invisible que se da en los fogones y trabajar en proyectos comunes con productos de la tierra.
Detrás de cada una hay una historia de superación. De convertir obstáculos en oportunidades. Amparo Rodríguez García quería ser periodista, pero la vida le llevó hacia el mundo de la cocina «por casualidad: tenía un niño de dos años y tenía que trabajar». Empezó fregando platos en una cueva de Valdevimbre y acabó poniendo negocio propio con su su marido. Fue hace 16 años. «Vi que me gustaba y mi marido se decidió a arreglar la bodega familiar», relata. Así nació Los Poinos, «dando una vuelta a la cocina de León y defendiendo nuestro producto».
Más que a discriminación, achaca la falta de visibilidad de las mujeres en el ámbito gastronómico a que «a veces no tenemos arranque para ponernos en primera plana». Unirse con otras cocineras le parece «interesante para ayudarnos y reforzarnos».
Ganar presencia sin victimismo es la ventaja que ve en el colectivo Mercedes Valderrey, dueña de La Jouja y Ékole y formada en escuelas de hostelería y pastelería de León. Rosa María Gutiérrez se sumó al negocio familiar de embutidos Entrepeñas como «política». Casada con uno de los hijos de la familia que abrió el negocio en Geras se metió de cabeza en el negocio. Recuerda la anécdota de sus comienzos. «Empecé comprando una sartén para hacer una tortilla de 40 huevos y mi suegra me preguntó cómo le iba a dar la vuelta». La empresa ha crecido, todos sus hijos trabajan en ella y en temporada da empleo a una treintena de personas. Tienen fábrica, restaurante, tres tiendas en León y otras dos en Asturias.
En Entretantas también están Carmen, Luci, Visi, Encarna y Marisa, las cinco mujeres que crearon El Comedor del Monte en Tabuyo del Monte. Las cuatro primeras resurgieron de las cenizas de un taller textil y sólo Carmen tenía experiencia en la cocina. «Fue duro empezar porque somos autodidactas», comenta. Después de ocho años son un referente de desarrollo sostenible en plena Red Natura. «Tenemos recetas propias y heredadas de nuestros antepasados», comenta Marisa Rodríguez, enfermera de profesión y cocinera de vocación. Tal vez porque lo lleva en la sangre. Sus abuelas y bisabuelas tuvieron fondas en Astorga y La Bañeza.
«Cuando una mujer empieza una obra es invencible», comenta la fundadora de Casa Pepa en Santa Colomba de Somoza. Esta mujer de 64 años cambió su trabajo de oficinista por un negocio de turismo rural tras hacer un curso con fondos europeos «Allí fragüé mi idea». Hoy su hija Laura Alonso, licenciada en ADE, se ha sumado al negocio y es la secretaria de Entretantas.
Las mujeres reivindican ahora el espacio y el prestigio de la cocina. Lo mismo que van sacando la cabeza en otros ámbitos de la vida social, política y económica. Teresa Mata es la primera subdelegada del Gobierno en León, Ana del Ser, la primera presidenta de la Audiencia Provincial, Nuria González Rabanal, la primera en dirigir el colegio de Economistas, Reyes Martínez la primera decana de la Facultad de Ciencias del Trabajo, Silvia Martínez Cantón, la primera mujer decana en los juzgados de Ponferrada, Gloria Fernández Merayo, la primera alcaldesa de capital del Bierzo...
Las mujeres aún son una rareza en el poder político, económico, académico y social. Son muchos ámbitos en los que no están. El techo de cristal es de acero en algunos espacios y sobre todo en las cúpulas. No hay ninguna candidata a rectora en las elecciones que se celebran la próxima semana en la Universidad de León, como tampoco hubo mujeres que aspiraran a ser presidentas del Gobierno en las elecciones generales.
Pero la carrera de las mujeres es imparable. Así lo ve María Reyes Martínez, la decana de la Facultad de Ciencias del Trabajo: «En el entorno universitario ocupan cada vez un mayor número de puestos de responsabilidad. De hecho estoy convencida de que en un breve período de tiempo llegarán a equipararse y se invertirá la tendencia».
«Por un Planeta 50-50 en 2030: Demos el paso para la igualdad de género» es el lema de la ONU (Organización de Naciones Unidas) para el Día Internacional de la Mujer 2016. Los avances son un hecho: «En mi época las abogadas no teníamos baja maternal», comenta la presidenta de la Agrupación de Mujeres Abogadas, Pilar Pérez Pérez, que comenzó su carrera profesional hace 32 años.
Ahora la baja maternal de las letradas la cubre la mutualidad, de la misma manera que la Seguridad Social a las trabajadoras. Pese a que la agrupación de abogadas fue creada en 2004 todavía ninguna mujer ha dado el paso para presentarse al decanato. «Me han propuesto ir en alguna candidatura, no como decana. En el fondo, creo que es falta de interés nuestro por estar en estas labores representativas», apunta Pérez.
El único colegio profesional en el que hay una mujer al mando es el de Economistas. Con un 40% de mujeres y un 60 de hombres colegiados, Nuria González Rabanal es su cabeza visible desde hace seis años. «Me he presentado dos veces a la reelección, una de ellas porque modificamos los estatutos», comenta.
Rabanal cree que el 50-50 «es matizable» porque «creo que las mujeres lo romperíamos». Que todavía sea una minoría la que alcanza cuotas de responsabilidad —15% en los cargos directivos en España— «es el resultado del modelo cultural y económico porque la mujer no ha participado activamente en el mercado de trabajo y ahora hay una brecha en el acceso a los puestos de responsabilidad».
Otra razón, admite Rabanal, es «la falta de confianza en nosotras mismas. Todavía hay que romepr determinados mitos del papel de las mujeres que nos dañan porque hace más difícil demostrar nuestra capacidad», añade.
No menos importante es el tercer motivo que apunta la economista: «En muchos ámbitos a las mujeres peleonas se les ve más como una amenaza que como una amenaza que como una ventaja. Puedes alterar la dinámica. No sé si por machismo o por confortabilidad».
Los prejuicios a lo femenino se dan en todas partes y el arte no es ajeno, opina la pintora Olga Llamas Hernández, una de las integrantes del colectivo Nosotras. Son nueve mujeres que hace diez años decidieron unirse para exponer su obra, en un proyecto que combina la creación individual y colectiva. En mayo volverán a El Albéitar. Las artistas defienden el potencial creativo de las mujeres: «Simplemente organizar una casa requiere mucha creatividad», recalcan.
Lo cierto es que en el arte ven que las mujeres «están relegadas. Es más complicado que te valoren», abunda Adela Pérez Piñó. Para muestra, un botón. Pilar Fornes cuenta que en cierta ocasión coincidió con un antiguo compañero de facultad en Valencia. «Hablamos durante una hora de su obra, nos preguntaba cosas... y al finalizar le dije: Yo también pinto. Su respuesta me dejó muda: «Como todas» y se dio la vuelta», relata. Sólo hay un 7% de académicas en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y ninguna en la junta de gobierno.
Para la mayoría de las mujeres del grupo no haberse dedicado a tiempo completo a la creación —todas estudiaron Bellas Artes y todas buscaron en la enseñanza un medio de vida— les ha dejado fuera de determinados circuitos culturales. «No nos lo preguntan, pero tampoco lo pedimos», reflexiona Adela.
La conciliación es uno de los principales obstáculos al acceso a cargos de responsabilidad. «Yo he delegado muchísimo, he tenido a mi marido, a mi madre, a mis padres y a mi tía», afirma la presidenta de la Audiencia Provincial de León, Ana del Ser. Aún así durante los primeros años de sus hijos reconoce que «con sacar el trabajo adelante era suficiente».
«Yo no cambio el primer diente de mi hija por cinco comisiones de gobierno. Pero los hombres tampoco deberían hacerlo, se están perdiendo muchas cosas», apostilla la alcaldesa de Ponferrada, Gloria Fernández Merayo (PP). Hay que valorar el trabajo del hogar, recalca, porque «beneficia a la familia y a la sociedad».
Las mujeres son mayoría en la carrera judicial. Un 70% pero optan menos a los puestos de responsabilidad. Cuando lo hacen no siempre es fácil. Silvia Martínez Cantón decidió el año pasado presentarse a las elecciones del decanato de los juzgados de Ponferrada. Empató con su contricante varón y resultó elegida por ser la de más antigüedad en el escalafón. En los juzgados de Ponferrada la mayoría de mujeres es aplastante y Silvia Martínez Cantón es la primera magistrada que llega por elección al decanato de Ponferrada. Hasta ahora se daba el puesto a quien tuviera el escalafón más alto.
La presencia de las mujeres baja a medida que se sube en la pirámide del poder. En la Audiencia Provincial hay dos magistradas, sólo hay ocho mujeres presidentas de las 50 audiencias que hay. En el Tribunal Superior de Justicia hay 1 de de 17 y ninguna presidenta de sala del Supremo. Sólo dos mujeres dirigen centros universitarios en León, María de los Reyes Martínez Barroso, decana en Ciencias del Trabajo, y Nélida Fernández Martínez, en Ciencias de la Salud. «En los Consejos de Gobierno no se nota porque hay muchas mujeres en direcciones de departamentos», apunta Fernández.
Sólo dos mujeres, Asunción Orden y Ana Bernardo, han optado a rectoras en toda la historia de la ULE. Ninguna lo logró. La gestión de las mujeres en la ULE «es eficiente y rigurosa», opina Reyes Martínez. Las cotas de excelencia de las mujeres «incluso en mayor proporción que sus compañeros del sexo masculino».
«Hay que inculcar a los hijos e hijas el cambio y empezar por una misma», anima la decana de Ciencias de la Salud. Por ellas han empezado las cocineras y las pintoras.
g g g