Sólo el cuatro por ciento de los internos de Mansilla de las Mulas llegan a esta zona de transición a la vida en libertad
Casi 150 presos reiniciaron su vida en el CIS de León
El centro de inserción social Jesús Haddad acoge ahora a 56 internos
La jaula, aunque sea de oro, no deja de ser una jaula. Pero salir de la prisión de Villahierro para empezar a vivir en el Centro de Inserción Social (CIS) de León cambia mucho la vida. Esta pequeña cárcel «de oro» acoge actualmente a 56 internos del penal leonés, de los cuales el 64% salen a diario a la calle a trabajar -la mayoría en el sector de la construcción y la hostelería-, un 15% están controlados con pulseras y tobilleras electrónicas, otro cinco por ciento cumplen en comunidades terapéuticas y los demás intentan conseguir un empleo o rehacer su vida con la familia poco a poco. A las nueve de la mañana, tras el desayuno, cuatro hombres y mujeres realizan las tareas de limpieza rutinarias en las salas comunes. Algunos bajaron con ropa de calle porque esta mañana van a salir a hacer gestiones, pero ninguna puerta se abrirá sin que antes el funcionario dé el aviso o llegue la trabajadora social que les acompañará. En el centro Jesús Haddad, bautizado así en homenaje al director de prisiones asesinado por los Grapo que concebía la cárcel como una «escuela de ciudadanía», han reiniciado su vida cerca de 150 presos en los nueve primeros meses de funcionamiento, desde su apertura en agosto de 2005. El centro de reinserción leonés, que ocupa la parte frontal del que fue penal provincial hasta 1999, tiene 120 plazas en 66 celdas -una de ellas adaptada para personas con discapacidad física- pero hasta ahora no ha aprovechado al cien por cien su capacidad. El director del centro penitenciario, José Manuel Cendón, señala que el objetivo a corto plazo es tener ocupadas en torno a las cien plazas. La alta presencia de extranjeros en el centro penitenciario de Villahierro, que alcanzan el 51% de los internos 1.500 que tiene de media la prisión, es una de las causas de que la población que potencialmente puede ir a medio abierto sea inferior, explica Cendón. Sin embargo, potenciar el cumplimiento en medio abierto y las penas alternativas a la prisión son alguna de las líneas de trabajo que pretende fortalecer el Ministerio del Interior, no sólo en León. El plan de amortización de centros penitenciarios contempla, en este sentido, la construcción de 31 nuevos centros de inserción social con un total de 3.600 plazas para ubicar a internos que cumplirán la última etapa de su condena en un régimen de semilibertad. Frente al actual modelo de cumplimiento de penas en centros cerrados y supermasificados, se quieren potenciar los centros abiertos de tratamiento como instrumento de «transición entre la privación de libertad y el reingreso en la sociedad». Vivir en un centro de inserción, aunque signifique «un lujo» para quienes llegan a sus celdas después de haber pasado por uno de los catorce módulos de Villahierro, no es la libertad. En el CIS hay que «echar instancia» para salir al médico, a matricular a un hijo en el colegio o a trabajar y cumplir a rajatabla, además, el plan de tratamiento individual (horarios, actividad laboral, tiempo de ocio, vida familiar...) para alcanzar la libertad condicional -el último paso antes de la libertad- sin retornar al penal de Mansilla de las Mulas. Las puertas están bien cerradas y controladas con medios de seguridad, pero se abren desde las 5.30 de la mañana para dejar salir a los reclusos que entran más temprano al trabajo y no dejan de funcionar hasta la una de la madrugada, la hora de regreso de los últimos, empleados en la hostelería. Los 56 internos no coinciden todos juntos ni siquiera a la hora de dormir, ya que, excepcionalmente, alguna mujer pasa la noche en casa para estar al lado de su hijo pequeño. En el centro de inserción los hombres y las mujeres no están aislados, como sucede en de Mansilla, se ven las caras. «Si a cualquiera de nosotros nos metieran en un centro donde tenemos que ir a dormir, dar cuenta de lo que ganamos, pedir permiso para viajar, ¿nos parecería que no estamos siendo castigados?», preguntaba José Manuel Cendón al alumnado de la Facultad de Derecho de León. Una minoría selecta Los internos del centro de inserción social apenas suponen el 4% de los 1.500 reclusos dependientes de la prisión provincial. «Quienes pasan por el tercer grado salen en buenas condiciones a la vida real y nuestro objetivo es trabajar bien dentro de la prisión para que cada vez pueda venir más gente a este centro», añade Cendón. La apertura del centro Jesús Haddad ha supuesto una mejora física del medio abierto, que cuenta con sala de estar, biblioteca, comedor y patio con canchas deportivas. Además se ha cuadruplicado el número de plazas, al pasar de 36 a las 120 posibles, aunque la dirección de la prisión cree un centenar sería la ocupación idónea del CIS. SITUACIÓN DE LOS 56 INTERNOS QUE CUMPLEN CONDENA EN EL CIS JESÚS HADDAD DE LEÓN Salen a trabajar al exterior Control telemático con pulsera Centro terapéutico Destino en CIS o buscan empleo 15